No me estoy ahogando,
en realidad.
Respiro.
Tiemblo a veces con la música,
con una ventanilla,
con una calada,
con un instante de espasmo
más cerca de un gigante
que del terror.
Y descubro algunas noches,
ya ves,
errantes entre un amasijo de palabras
las correctas.
No.
Quizá no me estoy ahogando,
en realidad.
No existirá, quizá, la ropa con que me visto
ni los cadáveres,
no seré
dueño de un abandono legendario
ni el único ser
que teme.
Será una comedia, quizá,
de la que arrepentirse,
solo,
de vez en cuando.
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