De casa al trabajo
no piso la tierra,
sólo una lámina inerte
de asfalto y acera,
de túnel,
de vagón,
de hueco entre el útero
y la nada.
¿Cuánto dura el luto
en la boca de la calavera?
¿Cuánto dura?
¿Cuánto
dura?
¿Será su último espasmo
la estampida de una manada de voces
o un susurro conciso,
inapelable,
certero?
¿Redimirá a tu nombre
el instante anterior al olvido?
No comprendo el alfabeto
de los que me rodean
y tú persistes
como un curso seco,
como un desierto con frontera.
¿Dónde estás?
Te me perdiste...
Un resplandor rasgando la ceguera.
Queda dormir,
eso queda.
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