La noche se quebrará
como una falla inoportuna
y me iré.
Roído por los ratones del tiempo,
con mi cuerpo excavado
como una cantera que fue fértil,
pero que fue.
No guardará el recuerdo mi nombre,
el Dios que me reciba
será el martillo del olvido.
Pero fui.
Fui un ser que digería,
copulaba,
dormía...
Durante un instante
hundí las manos en el barro
y, con ellas,
creé cursos para el agua
en el jardín de mis padres,
se retorcieron de angustia
porque tuve ojos
y me emborracharon
para encalar la madrugada.
Los días son de agua
en una cesta de mimbre.
Me iré.
No hay motivo para la tristeza,
el gigante resultó vulgar
pero gigante.
Y la noche que se quebrará
como una falla inoportuna,
no será un fantasma
ni la muerte,
será una huella caduca,
desarticulada
como las fibras de un papel
calado por la lluvia.
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