Si la pared adquiriese movimiento,
se despojara de sus cuadros,
de sus fotos,
sus espejos,
si dejase de ser piedra, tan inerte,
y proclamase la revolución
de lo estático,
si un día participase, al fin,
del tiempo
y, de pronto, fuese gas
y clamara por sus hijos, por el pan,
por la sed, por un colchón,
por pensamiento...
Si le diera por sentir y despertara
como un gorrión pardo
con las venas de cemento,
moriría entonces la ciudad,
moriría bien
para que crezca el pueblo.
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