se me volvió el bosque
como de hierro
y ya no visten su abrigo
las palomas grises
ni gotean los balcones
más líquido que la ceguera.
Me cerca lo vulgar
como a una legión que se vence,
que se encorva hasta casa
atravesando los parques y miente.
Tiene la ciudad
imagen de vertedero,
de estación a término,
de andén y de esparto,
de febrero.



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