son un pergamino que se extiende
ecuánime, juzgando mi culpa,
sagaz bajo la vergüenza.
Quisiera ser.
Quisiera ser un cuerpo mineral e inmóvil,
espectador en la quietud
de la inapetencia.
Pero soy.
Tomo el organismo de la borrasca
y soy.
Inamovible en mis lascas,
pecado que adquiere movimiento
en la existencia.
No hay cuchilla
que pueda borrarme.



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