Te imagino omnisciente,
conocedora profunda de mi estado,
aquí,
desnudo en el invierno,
escribano terco
de todo lo inconcluso.
Pero no es real tu imagen que me guardo,
la que observo desde mi destierro,
desde estos balcones de Madrid
aquejados de silencio.
No eres tú la que recuerda,
no eres tú la que me escucha,
es esta ciudad tan pálida,
minúscula,
que me encierra.
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