jueves, 23 de agosto de 2018

Madurez

En esta inmensa corrala,
en este Madrid con capilares de piedra, 
se me han perdido el campo, el maíz,
y el verde opaco del agua
de las caceras.

Se me ha ahorcado un crío en la cocina,
hoy,
y se me ha meado en sus zapatitos de tela,
en el instante último, ahí,
balanceándose
en ese cadalso improvisado.

Velaré, quizá, esta noche,
para descolgar su cadáver
y mañana saldré 
con la sangre ya estanca,
mañana,
camino del trabajo.





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