Yo creí en el alzamiento de las calles,
en la constancia
que alimenta el desagravio.
Lo juro.
Yo tuve fe en el lumpen y el barrio,
en su agitar de ramas,
en la raíz oscura y gruesa
de sus proclamas.
La tuve.
Pero no hay revuelta en la contienda
si le faltan los tobillos al soldado.
Si la infantería está muerta,
¿para qué coño sacamos los caballos?
Mi España narcótica
duerme al pobre con sus regalos
y es feliz en su miseria,
miseria de desangrado.
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