Habrá un despertar profundo,
abisal,
y las articulaciones,
envueltas antes en quejido,
se doblarán engrasadas por el aceite denso
que llegó a cubrirme.
Yo digo
que la ciudad protegerá
bajo la piedra.
Yo digo
que ascenderá como un gigante,
como un insecto de abdomen pavoroso,
como un gas,
el huesudo semblante
de mi mañana.
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