Si necesitas algo, me despiertas,
que no es mi sueño tan recio
como para permanecer,
que se mueve,
más bien,
con una dignidad mentirosa.
Si tuvieras un temblor,
un ligero espasmo en el recuerdo
o en la pesadumbre,
sólo encoge la garganta y el vacío
con mi nombre.
Estaré recostado,
inerte en apariencia,
como en un rincón,
como con manos ausentes,
con antebrazos elásticos
como de muerto reciente.
Estaré en el refugio contra el tedio,
ése con forma de catre
y de hambre
en aquella esquina.
No está lejos, míralo,
y mi sueño
no es tan recio.
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