domingo, 15 de abril de 2018

Fotografías

Clavé en la puerta de mi armario
cuatro fotos gallegas.

La primera es una estancia,
una noche
en un claro de bosque y de ausencia,
donde me senté a escribir.

La segunda es una playa que atardece,
una definición de ocaso
con dos mares que se enfrentan,
un puñado de nubes 
como si los dedos de Dios
pudiesen ser tela rasgada.

La tercera es un tronco varado,
un viajero podrido a medias
que descansa.

La última es el camino,
es la fraga que busqué
igual que un aliento o un collar
para mi cuello ante el espejo.

Cada día duermo frente a ellas
como si fueran la firma
de mi testigo.





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