Disfruto en la soledad
de un placer delincuente,
como de mártir
durante su calvario.
Puedo describir con ella lo enorme,
lo distante,
buscar la esquina de una cafetería,
disimular abriendo un libro
y ser un cosmonauta que observa
desde el vacío.
Sufro la diferencia,
la incompatibilidad,
como si me calentaran en el frío.
Seré, quizá, un farsante,
el hombre que se esconde tras el coro
de la tragedia
y luego la escribe,
en lugar de desmembrarse
con el dolor de veras.
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