Hay humildes surcos encarnados
en la espalda del viajero.
En el pecho
una fina gotera de sangre
diagonal.
Su huella,
úlcera infectada en el camino,
supura hielo
y tiempo
y luto
y vino.
No hay descanso,
compañero,
sólo queda caminar.
Con la tecnología de Blogger.



0 comentarios:
Publicar un comentario