La primavera,
creedme,
nos esculpe un cementerio.
Los campos no son los campos
son los túmulos del tiempo
y aquellas flores tan blancas,
tan blancas como lo enfermo,
sólo son los crisantemos
que vuestros ojos confunden,
son homenaje de muerto.
La primavera,
miradla,
es la escala hacia el destierro.
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