miércoles, 20 de abril de 2016

Arenga al españolito enclaustrado

El indomable Nadie,
en su carrera delictivo verbal,
borracho de pensamiento,

palabra,

obra,

insumisión,

se incorpora sudoroso en su lecho,
harto de vagar cara al techo,
para advertiros del peligro.

La insurgencia enmudece,
compañeros,
a las aulas vuelve el clero,
a las cloacas la utopía,
se nos mellaron los dientes
mordiendo platos calientes 
en casita de mamá.

Ya acabó la antología de lemas,
ya regresan nuestras penas
de rulo y peluquería.

¿Dónde están esas gargantas?

¿Dónde están?

Me avergüenzo de mis días,
de este apático esperpento,
de este capado lamento,
de esta revolución,

del esclavo malparado y mudo
que volvió a encontrar su escudo
en la amnesia del sillón.

Hemos perdido las calles.

Han ganado.

El metro apesta a redil,
a españolito cebado,
a muerto del buen dormir.

Y mientras tanto,
allá afuera está el espanto
de las trincheras vacías,
del hambre y la cobardía,

de las fronteras...

El insondable Nadie
llena de bilis el nórdico,
se cumplieron los pronósticos,
la condena es capital.

Ahora háblame,
si quieres,
de esta España,
sus placeres

y el orgullo nacional.

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