en su carrera delictivo verbal,
borracho de pensamiento,
palabra,
obra,
insumisión,
se incorpora sudoroso en su lecho,
harto de vagar cara al techo,
para advertiros del peligro.
La insurgencia enmudece,
compañeros,
a las aulas vuelve el clero,
a las cloacas la utopía,
se nos mellaron los dientes
mordiendo platos calientes
en casita de mamá.
Ya acabó la antología de lemas,
ya regresan nuestras penas
de rulo y peluquería.
¿Dónde están esas gargantas?
¿Dónde están?
Me avergüenzo de mis días,
de este apático esperpento,
de este capado lamento,
de esta revolución,
del esclavo malparado y mudo
que volvió a encontrar su escudo
en la amnesia del sillón.
Hemos perdido las calles.
Han ganado.
El metro apesta a redil,
a españolito cebado,
a muerto del buen dormir.
Y mientras tanto,
allá afuera está el espanto
de las trincheras vacías,
del hambre y la cobardía,
de las fronteras...
El insondable Nadie
llena de bilis el nórdico,
se cumplieron los pronósticos,
la condena es capital.
Ahora háblame,
si quieres,
de esta España,
sus placeres
y el orgullo nacional.
sus placeres
y el orgullo nacional.
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