viernes, 11 de marzo de 2016

Hambriento

Soy un yonqui del hambre,
me sacio
entre malezas y entrañas,
entre sinapsis
en tela de araña,
al salir de trabajar.

Soy adicto
a las descargas de vacío
de regreso al coche,
a los dolores de hueso y de noche,
a los renglones y al pan.

Soy un yonqui del hambre,
soy estéril,
tierra seca,
un rosal sin un estambre
mientras camino a casa
encogido por el frío,
sin saber siquiera…

sin saber cómo ha venido.

Y detrás de la puerta
no hay una puta respuesta,
hay una cocina,
un sofá,
una gata insolente
con sonrisa gris y algo demente,

nada más.

Yo,
tembloroso hombre menguante,
sigo temiendo a la oscuridad
que me tapan los libros al llegar,
ésa que está en la pared,
que me mira muerta de sed,
cuando busco una página cualquiera.

Soy el virus de la rabia en la perrera,

no digáis,

nunca,


que jamás os avisé.

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