miércoles, 28 de agosto de 2019

Ligeia

Es estrecha la calle donde vivo. Tan próximos los edificios, abrazados casi, no llega la luz a las aceras. No es limpia. No es seca. Su filo de hormigón me hiere, a veces, los pies.

¿Cómo me llamo? 

Es etéreo mi nombre, un cambio leve en la presión del aire cuando se pronuncia, un trazo rasgado en el papel. Impuesto. Arrojado. 

¿Cómo me llamo?

Desde mi habitación de sombra, mi fachada oscura, me defino. Soy el exterior que limita el documento, el reguero de tinta que se esparce, la liberación de lo anónimo para vosotros. Casi todos vosotros.

No corrobora mi nombre la presencia. 

No es la distancia un ovillo de coordenadas.  

Es estrecha la calle donde vivo. Tan próximos los edificios, abrazados casi, no llega la luz a las aceras. 

Estaré aquí mucho antes que la muerte. 

Se hará larga, muy larga, la espera.




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