Retornaría
a las nubes preñadas,
a guarecerme sin éxito
de sus deposiciones de agua,
a la espina dorsal
tan alejada de la calma.
Bastaría
un temblor desolado,
un resto,
una cerveza enclenque
que pudiera virar en tormenta
con mis manos,
un pigmento inaudible,
tal vez,
vibración pintada
de silencio apenas.
Todo se retuerce
en los armarios opacos,
no hay ropa que desmerezca
el ponerla a secar.
Con la tecnología de Blogger.



0 comentarios:
Publicar un comentario