Hoy,
martes,
mi casa es un enorme estómago
de gigante.
Ha ensanchado para contenerme
y afuera,
tras la ventana,
vive el reverso de la digestión.
No me concierne,
no formo parte de junio
ni de la incorrupción del alimento, hoy
martes.
Noto aquí el calor visceral,
aquí
sobre el sillón,
y las contracciones de sobremesa
y una bañera ácida
desorganizándome los pies.
Me deshago en nutrientes para otro,
seré
la mínima expresión de mi cuerpo
para quien lea, quizá,
o para nadie.
Qué sencillo
ser digerido
por un enorme estómago de gigante
cualquier martes.
Qué vacío
ser cagado
en un papel.
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