el hábito del Carmen de mi abuela,
la sangre que me calienta
aun siendo la sangre ajena.
La estufa desamparada,
estufa de dos resistencias,
para templar pantorrillas,
manos,
huesos,
las mañanas de Maicena.
Mi Patria es el hombre acodado,
acodado y a la espera
del autobús sucio y triste
que llegaba de la escuela,
mi asmático continente,
mi humeante Setra Seida,
siempre derecho y al frente,
hacia el mundo y sus rayuelas.
Mi Patria son cuerpos y nombres,
con su vida o ya sin ella,
son hermanos rezagados
en el caos de la contienda,
son todos los que me olvido,
descastada mente vieja,
y que merecen estar
en esta página muerta.
Mi Patria se infesta de exilio
pero nunca fue la tierra.
La tierra es un accidente.
La tierra no es más que tierra.



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