Que le jodan al mundo si no estás,
que le jodan
a las cabareteras de barra mordida de miedo y basura
en esta ciudad en pena,
como todas
en las que no te desnudo las caderas.
Que se joda la rabia de las carreteras,
el alquitrán del asfalto del Marlboro
que cambiaba por tu boca,
que te jodan a ti por cuerda o por loca,
que me des de beber
de una vez por todas.
Que le den al polvorín de tus palabras,
que te estalle la garganta,
que te mueras,
coño,
que te mueras.
Que me borren a descargas de esperma tus laderas,
que te vayas del presente a las letrinas del pasado,
que les jodan a los cuerpos a tu lado,
que les jodan.
Déjame dormir sin narcóticos,
déjame vivir sexos psicóticos,
murmurar la ira por los callejones
de camiones con resaca.
Déjame dormir cuentos de hadas,
deja de creer que no son nada,
¡deja de esconderte!
Deja
una ventana abierta,
una rendija entre tus piernas,
una puerta
por donde pueda colarme,
déjame saciar el hambre,
déjame ver
que regresas.
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