la pena,
la calle,
la cena sin cubiertos,
la tarde...
El resultado es un domingo electoral sudando bajo el nórdico, un finales de mayo, y el puto día en que enterramos a la Aguirre al fin, que los sacamos de Madrid, el tuyo y el mío, y yo vuelvo a buscarte por guasap por si lo del bloqueo, y sí...
un muro,
un dique,
un tapón de baño,
un pañuelo cubriendo las bocas,
no vaya a ser
que vuelvan a volverse locas.
Desde que elegiste la cordura mi sangre viaja a 38 y medio, y claro, este fin de semana se ha vestido de literal y, cuando la cerveza se ha rendido, me ha quedado un cuerpo caliente, un colchón de campamento, una luxación de garganta por desvío de palabras hacia la nada,
la nada,
el techo,
la ropa,
la ventana...
Anoche, al estirar el brazo izquierdo hacia el lado del que te mudaste, tropecé con la obra completa de Pizarnik bajo la almohada, a refugio de la calma. La abrí al azar...
azar,
página equis,
"Cuarto solo",
sed,
clepsidras...
Me joden los relojes de agua,
que me persigan tus palabras,
me joden las fronteras,
los brindis postergados por el Madrid rojo que soñamos,
y estar aquí,
esta mañana,
trabajando febril,
escribiendo
en el mismo puto lugar donde te sentaste la mañana que nos conocimos,
mirar a la derecha,
estrellarme
contra un "Test de visión cercana",
odiar los ojos,
y tú...
tú cerca,
pero
¿dónde?
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| Alejandra Pizarnik |




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