Desato en tu espalda,
alguna noche,
un laberinto de esperma,
cálido como la vida amortizada.
Tras el error queda la muerte,
también la espera.
Inevitable,
la mañana.
domingo, 30 de diciembre de 2018
Y una mancha en el costado
Sucede la devastación a la despedida.
Suceden los días
como en un atrio callado.
Quedan los bares, quizá,
el estruendo de ausencia,
de palabras, de alcohol,
la peste del despojo,
la cerveza.
Quedan los bares, quizá,
previos a la pausa,
a la calma,
al caminar escaso
como de vuelta a casa.
Suceden los días
como en un atrio callado.
Quedan los bares, quizá,
el estruendo de ausencia,
de palabras, de alcohol,
la peste del despojo,
la cerveza.
Quedan los bares, quizá,
previos a la pausa,
a la calma,
al caminar escaso
como de vuelta a casa.
Mesías dolientes
Soldados de la dignidad
vinieron a salvarnos del naufragio.
Desfilaban,
tan erguidos,
con sus miembros de madera.
Sacos de pan,
dijeron.
Como insectos
parecían caminar sobre las aguas.
Sólo nos desnuda el tiempo.
Les miro, ahora, sus tripas,
las entrañas
de un ejército de odio.
de un ejército de odio.
sábado, 29 de diciembre de 2018
Del fantasma ante sus libertadores.
Exento de personalidad
como si no me correspondiese nombre,
me obstino en el tránsito entre la maleza.
Carente de dedos con los que tocar,
encapuchado,
translúcido,
recorro oculto las calles
que adornáis con vuestra orina.
No faltan las bocas, hoy,
que reclaman pulcras la limpieza,
que proclaman,
pulcras,
desde un púlpito meado.
como si no me correspondiese nombre,
me obstino en el tránsito entre la maleza.
Carente de dedos con los que tocar,
encapuchado,
translúcido,
recorro oculto las calles
que adornáis con vuestra orina.
No faltan las bocas, hoy,
que reclaman pulcras la limpieza,
que proclaman,
pulcras,
desde un púlpito meado.
domingo, 23 de diciembre de 2018
General
Si poseyera yo un ejército,
hoy,
esta noche,
una legión formada y a la espera
sobre este escritorio,
no lo alimentaría.
Me pesa ser caudillo
de mis espaldas,
me embosca lo inevitable
de la claudicación,
la entrega de llaves,
la muerte venidera
de lo experimentado.
No está bordada la tela de las banderas,
hoy,
esta noche.
Me encuentro lejos del conflicto.
Quiero dormir.
Os quedáis afuera,
te quedas afuera, tú,
que es lugar de tu reposo,
que es lugar donde descansas,
tan lejos,
allá,
tan alejada de mis balcones.
hoy,
esta noche,
una legión formada y a la espera
sobre este escritorio,
no lo alimentaría.
Me pesa ser caudillo
de mis espaldas,
me embosca lo inevitable
de la claudicación,
la entrega de llaves,
la muerte venidera
de lo experimentado.
No está bordada la tela de las banderas,
hoy,
esta noche.
Me encuentro lejos del conflicto.
Quiero dormir.
Os quedáis afuera,
te quedas afuera, tú,
que es lugar de tu reposo,
que es lugar donde descansas,
tan lejos,
allá,
tan alejada de mis balcones.
jueves, 20 de diciembre de 2018
Epílogo y una pizca, leve, de desconsuelo
Terminamos.
Asume la niebla el costo
del puñado de mañanas
que vendrán.
Imagino, allá,
tras el telón,
tu silueta miope, allá,
con un enrejado de dedos
sobre la cara.
Dejémonos caer,
terminemos
sin un mínimo testigo.
Aprovechemos la noche,
los gatos,
el silencio.
Asume la niebla el costo
del puñado de mañanas
que vendrán.
Imagino, allá,
tras el telón,
tu silueta miope, allá,
con un enrejado de dedos
sobre la cara.
Dejémonos caer,
terminemos
sin un mínimo testigo.
Aprovechemos la noche,
los gatos,
el silencio.
Nadir
Látigo incesante,
apeadero de inquina,
cadavérico reproche.
¿Qué mal me habita?
Abro los ojos,
corro las cortinas,
salgo al balcón,
me insulta el mundo,
me abofetea
a mano plena
de estupidez.
¿Acaso os ha murmurado hoy,
mientras amanece,
el muro inabordable de la muerte?
apeadero de inquina,
cadavérico reproche.
¿Qué mal me habita?
Abro los ojos,
corro las cortinas,
salgo al balcón,
me insulta el mundo,
me abofetea
a mano plena
de estupidez.
¿Acaso os ha murmurado hoy,
mientras amanece,
el muro inabordable de la muerte?
Turbamulta
La venganza
se me acomoda entre la rabia encinta.
Crecen los capilares,
se atisba un golpe,
una dentellada, quizá.
Se ha mudado el rostro del enemigo
en el rostro de cualquiera.
Sácame
de la muchedumbre,
de la turbación,
no les permitas
convertir mi lago tranquilo y triste
en capataz de la sangre.
se me acomoda entre la rabia encinta.
Crecen los capilares,
se atisba un golpe,
una dentellada, quizá.
Se ha mudado el rostro del enemigo
en el rostro de cualquiera.
Sácame
de la muchedumbre,
de la turbación,
no les permitas
convertir mi lago tranquilo y triste
en capataz de la sangre.
jueves, 13 de diciembre de 2018
Pro reo
Existe un Luis minúsculo,
apreciable apenas,
mucho menor
que una libra de carne.
Está aquí,
sentado en su butaca,
inmerso en este cuerpo,
peón de la apariencia,
expectante
ante vuestros actos.
Nada tiene que ver
el individuo que se muestra
con el ausente,
mínimo Luis de relicario,
cuaderna de galera oculta
por la presencia de los remos.
Es eso lo que se enseña,
el instrumento inerte,
la calavera
movida sólo con el pretexto
de navegar.
apreciable apenas,
mucho menor
que una libra de carne.
Está aquí,
sentado en su butaca,
inmerso en este cuerpo,
peón de la apariencia,
expectante
ante vuestros actos.
Nada tiene que ver
el individuo que se muestra
con el ausente,
mínimo Luis de relicario,
cuaderna de galera oculta
por la presencia de los remos.
Es eso lo que se enseña,
el instrumento inerte,
la calavera
movida sólo con el pretexto
de navegar.
Criatura
Se me atribuye un cuerpo,
vehículo de mi entidad,
títere manejado
por un piloto que contengo
pero no soy capaz,
tullido de manos,
de moverme como deseo.
Carne autómata
es la que va al trabajo,
la que cruza las calles,
la que se esconde después
en el lugar donde me encuentro.
vehículo de mi entidad,
títere manejado
por un piloto que contengo
pero no soy capaz,
tullido de manos,
de moverme como deseo.
Carne autómata
es la que va al trabajo,
la que cruza las calles,
la que se esconde después
en el lugar donde me encuentro.
Bofetada
Imaginaba de crío
un porvenir brillante,
una tarde de nubes limpias.
Esta ciudad me niega,
habitante bastardo,
venido,
prescindible,
sentado
a esperar.
un porvenir brillante,
una tarde de nubes limpias.
Esta ciudad me niega,
habitante bastardo,
venido,
prescindible,
sentado
a esperar.
Retórica
Si no es más
que la piel ausente la que me viste,
dermis transparente,
ventana
de un puñado de estaciones,
¿por qué soy yo
inaudible?
que la piel ausente la que me viste,
dermis transparente,
ventana
de un puñado de estaciones,
¿por qué soy yo
inaudible?
Sismo
Recluso boquiabierto
de soledad secular.
¿Cuál es el motivo del rezo
en el hombre que se pliega?
Vivo en una casa estrecha,
cocino la mudez
más allá de las letras,
las escritas,
las trazadas,
inservible maquinaria
en la tarea del ser,
remedio inmediato y tosco
para eso de la sed.
Soy criado del temblor,
de su brazo firme,
de sus huesos firmes,
de su cuerpo cambiante,
eterno,
inabarcable a ratos
para mí.
de soledad secular.
¿Cuál es el motivo del rezo
en el hombre que se pliega?
Vivo en una casa estrecha,
cocino la mudez
más allá de las letras,
las escritas,
las trazadas,
inservible maquinaria
en la tarea del ser,
remedio inmediato y tosco
para eso de la sed.
Soy criado del temblor,
de su brazo firme,
de sus huesos firmes,
de su cuerpo cambiante,
eterno,
inabarcable a ratos
para mí.
Pretencioso estado de ausencia
Cubierto por el éxtasis de la nada
observo la pantalla del televisor.
Es la hora de las arañas,
del desmembramiento que propicia la memoria,
tan locuaz,
tan inapetente del ahora
como del alimento frío.
Recurren los transeúntes al susurro
cuando no quieren ser vistos,
arrastran los pies
en un movimiento letárgico
y así pasan los días,
la medianoche,
en un éxtasis de la nada
frente al televisor.
observo la pantalla del televisor.
Es la hora de las arañas,
del desmembramiento que propicia la memoria,
tan locuaz,
tan inapetente del ahora
como del alimento frío.
Recurren los transeúntes al susurro
cuando no quieren ser vistos,
arrastran los pies
en un movimiento letárgico
y así pasan los días,
la medianoche,
en un éxtasis de la nada
frente al televisor.
domingo, 2 de diciembre de 2018
Nocturnidad
Oscuras son las noches de derrota,
la matriz del desaire y la deshora,
el charco inoportuno y cabezota
que me inunda los pies, que los demora.
Oscura la saliva que pervierte
regando las palabras de tu boca,
escaparate ruin, materia inerte,
un vértigo cabal, es lo que toca.
Si calzara tacón la despedida,
tendría un par de vinos en la alcoba
pero llegó en silencio y mal venida,
minúscula, cerril, paso de loba,
distinto de la sangre y homicida,
distinto del estruendo del que roba.
la matriz del desaire y la deshora,
el charco inoportuno y cabezota
que me inunda los pies, que los demora.
Oscura la saliva que pervierte
regando las palabras de tu boca,
escaparate ruin, materia inerte,
un vértigo cabal, es lo que toca.
Si calzara tacón la despedida,
tendría un par de vinos en la alcoba
pero llegó en silencio y mal venida,
minúscula, cerril, paso de loba,
distinto de la sangre y homicida,
distinto del estruendo del que roba.
viernes, 23 de noviembre de 2018
Sudario
Trato de cubrirte
Con una gasa leve de olvido,
Recurro a la compañía
De los que no merecen mi presencia ausente.
¿Es la culpa, después, o la nostalgia
Lo que me incomoda el sueño?
Trato de cubrirte
Con una gasa de olvido
O de cristal,
Tras la que miro, leve,
A los que no merecen mi presencia ausente.
Frustrante
Venid, exégetas,
A mi palabra.
Peregrinos de la semántica que expulso,
No os hallaréis más cerca de la verdad
Con vuestros compases,
Con vuestra herramienta,
Que los gusanos que han de devorarme.
Sed
Sediento,
Con un pulso inoculado
Por la necesidad desnuda,
Abro los ojos.
Veo una puerta,
No se filtra nada a través de la madera.
No se filtra Nada
A través de la madera
Y abro los ojos
Con un pulso inoculado
Por la necesidad desnuda.
Somnolencia
Se me abraza el bucle,
se repite la insolencia,
la palabra en la escalera.
Duerme.
Duerme.
Duerme.
¿No lo ves?
Es un talón que desciende
hacia donde no os encuentro.
se repite la insolencia,
la palabra en la escalera.
Duerme.
Duerme.
Duerme.
¿No lo ves?
Es un talón que desciende
hacia donde no os encuentro.
23 de noviembre
Me encuentro disperso en los tiempos en los que estuve, fui, anduve. Si me pagas un par de copas quizá pueda expandirme, relatarte un puñado de seres singulares que vivieron, unos que recuerdo ajenos, irreconocibles hasta la prueba inequívoca de un objeto, una foto, algo de lo que guarde.
Pero no puedo describirme. La disección me reduce a la nada y ¿quién tiene tiempo de escuchar la historia? No será nadie. Me muevo por ello en el silencio. Un insulto. Un menosprecio. ¿Quién coño sabe?
Considero cabal la negación de derechos a los espectros. Irreprochable. Loable. Es por eso que entiendo tu marcha.
Entiendo
tu marcha.
Cariño intestinal
Bacterias en mis intestinos digieren.
Ejército mínimo,
simbiótico,
al que jamás hice copia de mi llave.
Mastican mientras duermo,
si guardo silencio
quizá escuche la bisagra de sus mandíbulas.
Se alimentan de los restos
de lo que ingiero,
ser nutriente
de pequeños seres.
Viven en mí.
Es más de lo que les pido.
Casi tanto
como sucede contigo.
Ejército mínimo,
simbiótico,
al que jamás hice copia de mi llave.
Mastican mientras duermo,
si guardo silencio
quizá escuche la bisagra de sus mandíbulas.
Se alimentan de los restos
de lo que ingiero,
ser nutriente
de pequeños seres.
Viven en mí.
Es más de lo que les pido.
Casi tanto
como sucede contigo.
Mudo (2)
Es mi biografía
de un caminar extraño,
tiene querencia de perro,
querencia de hocico huraño,
se estrella
contra cada estación,
cada peldaño.
No me quedan zapatos
ni gorros ni atropellos.
Y aquí estás,
recta
como una sentencia, recta
como lo intachable.
Espera la agonía,
¿cómo resistirás?
¿Cómo?
¿Cómo?
Este puñado de gritos
desde el abismo de mi afonía.
de un caminar extraño,
tiene querencia de perro,
querencia de hocico huraño,
se estrella
contra cada estación,
cada peldaño.
No me quedan zapatos
ni gorros ni atropellos.
Y aquí estás,
recta
como una sentencia, recta
como lo intachable.
Espera la agonía,
¿cómo resistirás?
¿Cómo?
¿Cómo?
Este puñado de gritos
desde el abismo de mi afonía.
jueves, 1 de noviembre de 2018
Restos
Queda una sombra leve,
un aliento amortiguado,
una imagen como a través de agua.
No consigo verte tal como fuiste
y, sin embargo,
creces a ratos, gigante,
monstruo tremendo ante el que me arrodillo,
borroso espectro.
Como apoyado en un bastón de aire
me detengo,
observo,
palpo el aroma de lo contiguo
y no existe nada.
Queda una sombra leve que me visita
como visita el hambre al que navega,
como ese olor tan ocre
de la tierra.
un aliento amortiguado,
una imagen como a través de agua.
No consigo verte tal como fuiste
y, sin embargo,
creces a ratos, gigante,
monstruo tremendo ante el que me arrodillo,
borroso espectro.
Como apoyado en un bastón de aire
me detengo,
observo,
palpo el aroma de lo contiguo
y no existe nada.
Queda una sombra leve que me visita
como visita el hambre al que navega,
como ese olor tan ocre
de la tierra.
viernes, 26 de octubre de 2018
La casta y la rasta
Es capataz de la idea;
¡salve! Salvador del vulgo.
Por detrás va y se menea
un tirano más que burdo.
No hay menosprecio peor,
perdón si te lo destapo,
que alegar un bien mayor
para esconder los harapos.
Me apesta la dictadura,
me cabrea el vil desprecio,
el de tener jeta dura,
la de tomarme por necio.
En su discurso de okupa
no caben las medias tintas
o andas subido a su grupa
o a esas cosas de fascistas.
Y el caudillito de izquierdas,
se pasea por las calles,
pregona locuaz sus mierdas
sin entrar en más detalles.
Ningún favor le habéis hecho,
Guevaras de la utopía,
al currante y a su techo
entre tanta algarabía.
¡salve! Salvador del vulgo.
Por detrás va y se menea
un tirano más que burdo.
No hay menosprecio peor,
perdón si te lo destapo,
que alegar un bien mayor
para esconder los harapos.
Me apesta la dictadura,
me cabrea el vil desprecio,
el de tener jeta dura,
la de tomarme por necio.
En su discurso de okupa
no caben las medias tintas
o andas subido a su grupa
o a esas cosas de fascistas.
Y el caudillito de izquierdas,
se pasea por las calles,
pregona locuaz sus mierdas
sin entrar en más detalles.
Ningún favor le habéis hecho,
Guevaras de la utopía,
al currante y a su techo
entre tanta algarabía.
Oda a Pablo Iglesias desde exvotante de Podemos
Levanta orgulloso el puño,
demagogo y vocinglero,
percibo aromas de truño,
habla el rojo como el clero.
Resucita los vocablos,
de la noche y de la sangre,
su palabra es el venablo,
la agonía, el ser del hambre.
Líbreme Marx de la escoria,
que le escuece a mis abuelos,
sáquenmelos de la historia,
no me apetecen más duelos.
Es ambición lo que hiede
y no me gana esa zurda,
por no poder ya ni puede
ser su voz más que palurda.
Pablo, devuélveme el robo,
que se escuche a los sinceros,
la acampada no fue un globo
y tú no fuiste, Pablo, el primero.
martes, 23 de octubre de 2018
Último cigarro
Humea el pitillo,
cañón disparado,
percutor solemne,
héroe sin más.
Si tuviera mi verbo miserable
la densidad de esta bocanada,
sería el mejor escritor del mundo
o al oeste del Pecos
o en los vertederos de los entes infrahumanos
de Madrid.
Me mancharía, entonces,
de la elegante suciedad del incomprendido,
me sentaría con orgullo en cualquier café
y no encogido y áspero
como el ciclo del fracaso.
¡Vocearía!
Un Cristo exhalado,
un pregón en la calada,
una crucifixión de mechero y bolsillo,
sólo eso necesito.
cañón disparado,
percutor solemne,
héroe sin más.
Si tuviera mi verbo miserable
la densidad de esta bocanada,
sería el mejor escritor del mundo
o al oeste del Pecos
o en los vertederos de los entes infrahumanos
de Madrid.
Me mancharía, entonces,
de la elegante suciedad del incomprendido,
me sentaría con orgullo en cualquier café
y no encogido y áspero
como el ciclo del fracaso.
¡Vocearía!
Un Cristo exhalado,
un pregón en la calada,
una crucifixión de mechero y bolsillo,
sólo eso necesito.
Frío
Qué rectos son
los ángulos rectos
de mis ventanas
y qué recta
la gente recta por la mañana.
Y qué mojado el vómito,
qué ácido, allá,
en la garganta
y qué aguda la gente aguda
con ese vientre
que a veces canta.
Qué Madrid
tan de escenario,
tan de taranta.
De calles muertas.
De calles muertas
cuando me faltas.
Y yo camino, ¿qué más?
Qué remedio,
qué mala planta,
qué sucio el pelo
si es por el tiempo,
si es por el frío,
sin una manta.
los ángulos rectos
de mis ventanas
y qué recta
la gente recta por la mañana.
Y qué mojado el vómito,
qué ácido, allá,
en la garganta
y qué aguda la gente aguda
con ese vientre
que a veces canta.
Qué Madrid
tan de escenario,
tan de taranta.
De calles muertas.
De calles muertas
cuando me faltas.
Y yo camino, ¿qué más?
Qué remedio,
qué mala planta,
qué sucio el pelo
si es por el tiempo,
si es por el frío,
sin una manta.
Cuestionamiento
Soy brillante
ante mis gatos.
Les expongo el misterio,
el envoltorio
y uso
el adjetivo preciso,
incuestionable.
Si reuniesen mis aseveraciones,
mis razonamientos,
en un diario recóndito
o breve
o escondido sin más,
serían dueños de la verdad impresa,
de la más absoluta iluminación, quizá,
y seguro
de una irreprochable
pobreza.
lunes, 22 de octubre de 2018
Agradecimiento sincero
Necesito la soledad como un parto
del que nazco,
el rostro
cubierto de la placenta que me nutre,
tímido ser congestionado,
neo,
nato.
No comprendéis la ausencia
como alimento.
Os marcháis casi todos.
¿Cómo decir
que al otro puñado le debo
la vida?
del que nazco,
el rostro
cubierto de la placenta que me nutre,
tímido ser congestionado,
neo,
nato.
No comprendéis la ausencia
como alimento.
Os marcháis casi todos.
¿Cómo decir
que al otro puñado le debo
la vida?
Petición
No te acerques,
es íntegra tu piel
con esa sinceridad amarga
y de mañana.
¿No lo ves?
No te asomes, márchate,
no existe aquí nada que reconforte.
Un despertar, quizá,
un abrigo de lana accidental
cubriendo el relente que no es mío,
el frío ajeno
que tiembla.
Casual.
Sin calor,
para mí.
¿Qué ver en esta estancia
aparte del accidente?
No fui nunca nido ni lecho
ni más que una tripa estirada
a punto de romper
o un techo de amianto
que traiciona.
Aléjate.
No me mires.
No mereces mi cadáver,
no mereces, tan mellado,
el abandono.
es íntegra tu piel
con esa sinceridad amarga
y de mañana.
¿No lo ves?
No te asomes, márchate,
no existe aquí nada que reconforte.
Un despertar, quizá,
un abrigo de lana accidental
cubriendo el relente que no es mío,
el frío ajeno
que tiembla.
Casual.
Sin calor,
para mí.
¿Qué ver en esta estancia
aparte del accidente?
No fui nunca nido ni lecho
ni más que una tripa estirada
a punto de romper
o un techo de amianto
que traiciona.
Aléjate.
No me mires.
No mereces mi cadáver,
no mereces, tan mellado,
el abandono.
domingo, 14 de octubre de 2018
14 del X
Habría de dormir.
Habría de ocultarme tras un telón de párpado,
abstenerme de la vigilia
igual que me sujeto la rabia de tu búsqueda,
como huyo de tu concreción.
Habría de.
Habría.
Habría de ocultarme tras un telón de párpado,
abstenerme de la vigilia
igual que me sujeto la rabia de tu búsqueda,
como huyo de tu concreción.
Habría de.
Habría.
En respuesta
Como venido de muy lejos
hablo con ellos,
con el polvo eterno sobre la mesa del comedor,
con los ausentes comprometidos,
con la grava,
con las rodillas.
Me despierto en cualquier parte excepto aquí.
Aquí.
Existo en un lugar que no defino,
me rodea el decorado,
actor sin libreto
atestado de memoria.
Me preguntas.
Ha de bastar que acabes,
lo lamento,
para que seas.
hablo con ellos,
con el polvo eterno sobre la mesa del comedor,
con los ausentes comprometidos,
con la grava,
con las rodillas.
Me despierto en cualquier parte excepto aquí.
Aquí.
Existo en un lugar que no defino,
me rodea el decorado,
actor sin libreto
atestado de memoria.
Me preguntas.
Ha de bastar que acabes,
lo lamento,
para que seas.
sábado, 13 de octubre de 2018
Un temor no tan ligero
¿Y si se esconde?
¿Y si se oculta sólo?
¿Y si la protegen las paredes de un cañón efímero,
una rúbrica desgastada de agua
y de tiempo?
¿Y si duerme nada más?
Conoceré entonces
la mella en los escalones que asciendo,
el estallido del hueso al caer
como preludio de la lluvia
de nuevo.
Percibo a veces su sombra,
su deslizarse clandestino en las librerías,
en los andenes,
en la tristeza bastarda que gotea,
algunas noches,
desde las fotos.
¿Y si se oculta sólo?
¿Y si la protegen las paredes de un cañón efímero,
una rúbrica desgastada de agua
y de tiempo?
¿Y si duerme nada más?
Conoceré entonces
la mella en los escalones que asciendo,
el estallido del hueso al caer
como preludio de la lluvia
de nuevo.
Percibo a veces su sombra,
su deslizarse clandestino en las librerías,
en los andenes,
en la tristeza bastarda que gotea,
algunas noches,
desde las fotos.
viernes, 12 de octubre de 2018
Asunción
Te vi,
baluarte sobre una escena de tumulto,
sobre la suciedad,
sobre el deshecho.
Accedí a ti
con el propósito necesario del deceso,
de la muerte a ratos,
de la rotura sistemática de cada falange.
Tras de ti, siempre la caída.
Pero no lo supe.
Fue el olor a hospital
impregnado en mis habitaciones,
el rumor del hueso que suelda,
las cafeterías.
Se me volvieron de barro los entresijos entonces
y ahora,
cuando viene el calor,
se me hace como de piedra la barriga.
baluarte sobre una escena de tumulto,
sobre la suciedad,
sobre el deshecho.
Accedí a ti
con el propósito necesario del deceso,
de la muerte a ratos,
de la rotura sistemática de cada falange.
Tras de ti, siempre la caída.
Pero no lo supe.
Fue el olor a hospital
impregnado en mis habitaciones,
el rumor del hueso que suelda,
las cafeterías.
Se me volvieron de barro los entresijos entonces
y ahora,
cuando viene el calor,
se me hace como de piedra la barriga.
Intramuros
Hablan las calles una lengua extraña, como siguiendo una métrica con leve tinte extranjero. Sucede a veces que habito aquello que no comprendo y lo observo, algo cansado, por una rendija breve entre los párpados, deslumbrado de asco y, quizá, con un ligero toque de pereza.
Ha de ser sutil el cambio.
Es la misma la ciudad, los cuerpos de mansedumbre estúpida que me rozan durante las aceras tienen el mismo tacto, sigue el perfume de capital, de columna orgullosa en el pórtico del laberinto...
Ha de ser muy sutil el cambio.
Hablan hoy las calles el idioma del moribundo,
de la mosca,
de la palidez.
Ha de ser sutil el cambio.
Es la misma la ciudad, los cuerpos de mansedumbre estúpida que me rozan durante las aceras tienen el mismo tacto, sigue el perfume de capital, de columna orgullosa en el pórtico del laberinto...
Ha de ser muy sutil el cambio.
Hablan hoy las calles el idioma del moribundo,
de la mosca,
de la palidez.
domingo, 7 de octubre de 2018
7 de octubre
Escribo.
Compulsivo y singular, escribo.
Es la defensa inútil del derrotado.
Es el fracaso.
Es el pasado en parálisis,
es el paso congelado,
el paso de piedra,
sólido,
inanimado.
Es el participio en repetido
de la horma ausente en mis zapatos,
el que me entierra hasta lo inaudible,
hasta el perezoso sonido,
ése del paredón en silencio
que se acuclilla detrás del ajusticiado.
Compulsivo y singular, escribo.
Es la defensa inútil del derrotado.
Es el fracaso.
Es el pasado en parálisis,
es el paso congelado,
el paso de piedra,
sólido,
inanimado.
Es el participio en repetido
de la horma ausente en mis zapatos,
el que me entierra hasta lo inaudible,
hasta el perezoso sonido,
ése del paredón en silencio
que se acuclilla detrás del ajusticiado.
Mudo
Te me enseñas,
Tan real,
Desnuda como el desfiladero,
Dispuesta
A recibir lo que guardo.
Y yo,
Me postergo,
Cerradura inhóspita
Y desagradecida.
Merezco la soledad
Como el abrigo el invierno
Y me acomodo
En el calor mentiroso del cuero,
Del cuello elevado,
Del guante.
Más te vale la distancia.
Si yo
Pudiera decirlo...
Cordaje
Se me afloja la atadura,
La que me contiene,
La de las paredes de cristal.
Hay una quiebra en la estructura,
Ahora,
Y no la contengo.
Salgo al balcón y me avergüenzo
Antes de gritar “¡ayuda!”.
Qué enorme es la ciudad
Si se recorre a rastras,
Si la palma de las manos
Se mancha de deshecho,
De vómito,
De ser digerido.
Vivo en un pasillo,
De tarima flotante,
De yo flotante
Que no se eleva.
Que se retiene.
Terapia encontrada tras una foto
Conviene, a veces,
el latigazo,
el sabor salado de la herrumbre,
la infección de lo sucedido.
Pesa la bolsa cargada,
su piedra arquea
el dorso del los nombres
allá en la espalda.
Se me enreja en las paredes
la posibilidad del mañana,
ahora,
aquí,
con la baba amarga del recuerdo
pendiente de una boca de rabia.
La sábana apesta a trinchera,
a futuro en guerra,
a noche.
Y yo no puedo dormir
en medio del asalto.
el latigazo,
el sabor salado de la herrumbre,
la infección de lo sucedido.
Pesa la bolsa cargada,
su piedra arquea
el dorso del los nombres
allá en la espalda.
Se me enreja en las paredes
la posibilidad del mañana,
ahora,
aquí,
con la baba amarga del recuerdo
pendiente de una boca de rabia.
La sábana apesta a trinchera,
a futuro en guerra,
a noche.
Y yo no puedo dormir
en medio del asalto.
Aguacero
Me atenaza
un sismo unipersonal
como un nombre que me nombra.
Que me tiemblan los interiores,
que no duermo,
que no despierto.
Noche de calabozo,
de cuesta y de camino,
de accidente.
Estaba seguro,
aquí,
bajo los portales del disimulo,
con sus columnas de ladrillo,
de soporte,
allá en la base.
Y voy y tiemblo
así como sorprendido,
así
como la carne.
un sismo unipersonal
como un nombre que me nombra.
Que me tiemblan los interiores,
que no duermo,
que no despierto.
Noche de calabozo,
de cuesta y de camino,
de accidente.
Estaba seguro,
aquí,
bajo los portales del disimulo,
con sus columnas de ladrillo,
de soporte,
allá en la base.
Y voy y tiemblo
así como sorprendido,
así
como la carne.
Habitante
Mi caligrafía es de demente,
de reina roja,
de guillotina.
Levanto la mano del papel
y soy extraño.
Existe uno igual que yo
que me habita.
Toma el mando
en el éxtasis ajeno del vino,
me dirige
hacia la extenuación,
el calvario,
la penitencia.
Existe uno igual que yo
que me precede,
que me habita.
de reina roja,
de guillotina.
Levanto la mano del papel
y soy extraño.
Existe uno igual que yo
que me habita.
Toma el mando
en el éxtasis ajeno del vino,
me dirige
hacia la extenuación,
el calvario,
la penitencia.
Existe uno igual que yo
que me precede,
que me habita.
Imagen
Mírate.
No niegues las laceraciones,
la aspereza de la superficie,
antes tersa,
antes, hace años, tan virgen.
No te niegues, mírate,
doblado sobre los hechos,
alterado desde al parto.
Es tuyo el rostro,
es notario el espejo,
dador de fe.
Es el tiempo
un saco sobre las corvas.
Es
el tiempo
un saco
sobre las corvas.
No niegues las laceraciones,
la aspereza de la superficie,
antes tersa,
antes, hace años, tan virgen.
No te niegues, mírate,
doblado sobre los hechos,
alterado desde al parto.
Es tuyo el rostro,
es notario el espejo,
dador de fe.
Es el tiempo
un saco sobre las corvas.
Es
el tiempo
un saco
sobre las corvas.
Carnaval
¿No lo voy a conocer?
El abismo,
la máscara luminosa de la ausencia
que se pasea orgullosa, que camina.
¿Qué me preguntas?
Conozco el frío inabrigable,
ese jersey que imposta la compostura.
¿No ves, acaso, las grietas
que corrompen mi maquillaje?
Se recomponen los rostros para comer.
Esconde la rutina el hambre.
¿Tendría, acaso, carne
sin disimulo?
El abismo,
la máscara luminosa de la ausencia
que se pasea orgullosa, que camina.
¿Qué me preguntas?
Conozco el frío inabrigable,
ese jersey que imposta la compostura.
¿No ves, acaso, las grietas
que corrompen mi maquillaje?
Se recomponen los rostros para comer.
Esconde la rutina el hambre.
¿Tendría, acaso, carne
sin disimulo?
sábado, 6 de octubre de 2018
Trámite
Quizá la muerte no sea
más que un atajo a la gloria
o una advertencia de cura
o una letrina de historia
o un deslizarse muy cauto
con pulcritud de gusano
o un detenerse muy uno
para ser memoria un rato.
Un apeadero, quizá,
temporal y biensonante,
un regazo,
un alacrán
o ese rabo del ser
más bien punzante.
He de perderme, no hay más,
importa un carajo la vida,
a la voz de hoy seguirá
la tierra,
el parar,
la escabechina
y un Luis hecho pedazos,
además,
y una huella inerte en el pedal
de la puerta a la sordina.
Alejados, pues, quedáis
por abandono inherente,
si espera la soledad,
compañeros por azar,
tramitémosla en urgente.
más que un atajo a la gloria
o una advertencia de cura
o una letrina de historia
o un deslizarse muy cauto
con pulcritud de gusano
o un detenerse muy uno
para ser memoria un rato.
Un apeadero, quizá,
temporal y biensonante,
un regazo,
un alacrán
o ese rabo del ser
más bien punzante.
He de perderme, no hay más,
importa un carajo la vida,
a la voz de hoy seguirá
la tierra,
el parar,
la escabechina
y un Luis hecho pedazos,
además,
y una huella inerte en el pedal
de la puerta a la sordina.
Alejados, pues, quedáis
por abandono inherente,
si espera la soledad,
compañeros por azar,
tramitémosla en urgente.
jueves, 20 de septiembre de 2018
Deseo
Dime que miente el camino,
que es un engaño el aire
que se mezcla con la sangre en los pulmones,
que no soy yo.
Que soy grande y de ceniza,
que me desharé con el tiempo,
recorrido miserable,
traje de noche y gala
exento de resurrección.
Dime que no existe memoria que me recuerde,
desnúdame el deseo de la persistencia
y déjalo caer.
Líbrame de la codicia del que busca,
del que yace
tendido sucio en el colchón
en huida perenne del olvido.
Déjame ser nada,
una muesca,
un arañazo accidental,
barro inútil
en el borde del sendero.
que es un engaño el aire
que se mezcla con la sangre en los pulmones,
que no soy yo.
Que soy grande y de ceniza,
que me desharé con el tiempo,
recorrido miserable,
traje de noche y gala
exento de resurrección.
Dime que no existe memoria que me recuerde,
desnúdame el deseo de la persistencia
y déjalo caer.
Líbrame de la codicia del que busca,
del que yace
tendido sucio en el colchón
en huida perenne del olvido.
Déjame ser nada,
una muesca,
un arañazo accidental,
barro inútil
en el borde del sendero.
Recurrente camino a casa
Se me prohíbe, quizá,
La asunción de la derrota,
La débil rendición,
El salvoconducto,
El estraperlo de finales que sacian
Como una sopa caliente el invierno.
Me persiguen, quizá,
Ciertas anomalías de tiempo,
Sabuesos,
Capillas en madrugada
Velando armas de hueso.
¿No es este mi camino a casa?
Resuena el tambor de mis talones
Sobre fachadas,
Capaciegos,
Bibliotecas,
Figuras de bronce.
Los automóviles me rompen el silencio.
Y yo camino,
Madrid,
Obstruido en tus calles adúlteras,
Mías
O del rastro de cualquiera.
lunes, 3 de septiembre de 2018
3 de septiembre
Moriré esta noche, de nuevo,
la razón
se extinguirá por unas horas.
Durante un breve intervalo
será mi ausencia la que camine.
Mientras tanto,
con un asentimiento leve,
cómplice,
rotará el ser inconsistente de los otros.
Dormiré sin saber lo que me espera
atrapado en esta rutina del miedo.
Me arrodillaría por el vacío, lo juro,
por un sueño estéril,
por la nada,
por el retraso negligente de la pesadilla,
de lo conocido,
hasta despertar.
la razón
se extinguirá por unas horas.
Durante un breve intervalo
será mi ausencia la que camine.
Mientras tanto,
con un asentimiento leve,
cómplice,
rotará el ser inconsistente de los otros.
Dormiré sin saber lo que me espera
atrapado en esta rutina del miedo.
Me arrodillaría por el vacío, lo juro,
por un sueño estéril,
por la nada,
por el retraso negligente de la pesadilla,
de lo conocido,
hasta despertar.
viernes, 24 de agosto de 2018
Dícese de la reflexión desde un centro comercial
Sólo veo destrucción, basura, restos de elementos vagamente consumidos que se arrojan. Hombres de cuerpos al límite del desmembramiento, que caminan. Existe un nuevo peregrino que se encorva para recoger el ventilador de oferta en Carrefour. Es la victoria de la ciudad bajo la cúpula. El verano inabarcable de la vulgaridad.
Pasan ante mí.
Pasan con sus carros y sus sandalias mientras trabajo.
No soy diferente, no difiero en esa necesidad de movimiento en los objetos, externo a mí, externo al ovillo de persistencia que me encapsula, que me impide la contracción, la traslación física de las extremidades.
Alejadme del exceso de lo concebido.
Dejadme al pie de la montaña.
Cuando recupere la movilidad, cuando el charco de quietud reciba la primera ráfaga de viento, quizá me dé por calzarme.
Quizá.
Y quizá también mire hacia arriba, hacia el desnivel inmaculado y use las manos para elevarme en lugar de usarlas para el tacto común, para la cuchara o para la tela.
Seguiré durmiendo, mientras tanto, bajo el efímero placer de la rotación de las aspas de mi nuevo Orbegozo. Apiádense de mí. Observen la espera del día.
Pasan ante mí.
Pasan con sus carros y sus sandalias mientras trabajo.
No soy diferente, no difiero en esa necesidad de movimiento en los objetos, externo a mí, externo al ovillo de persistencia que me encapsula, que me impide la contracción, la traslación física de las extremidades.
Alejadme del exceso de lo concebido.
Dejadme al pie de la montaña.
Cuando recupere la movilidad, cuando el charco de quietud reciba la primera ráfaga de viento, quizá me dé por calzarme.
Quizá.
Y quizá también mire hacia arriba, hacia el desnivel inmaculado y use las manos para elevarme en lugar de usarlas para el tacto común, para la cuchara o para la tela.
Seguiré durmiendo, mientras tanto, bajo el efímero placer de la rotación de las aspas de mi nuevo Orbegozo. Apiádense de mí. Observen la espera del día.
jueves, 23 de agosto de 2018
Madurez
En esta inmensa corrala,
en este Madrid con capilares de piedra,
se me han perdido el campo, el maíz,
y el verde opaco del agua
de las caceras.
Se me ha ahorcado un crío en la cocina,
hoy,
y se me ha meado en sus zapatitos de tela,
en el instante último, ahí,
balanceándose
en ese cadalso improvisado.
Velaré, quizá, esta noche,
para descolgar su cadáver
y mañana saldré
con la sangre ya estanca,
mañana,
camino del trabajo.
lunes, 20 de agosto de 2018
Regreso nocturno tras lectura de metro
Echarás de menos caminar invisible
El austero paso, tan callado, de las fachadas
La desnudez de la transparencia
Cuando te atraviesa la luz
Al tiempo que las miradas.
Echarás de menos
Esta ropa de soledad que no se mancha,
Colgada allá en la percha,
Igualita que la piel, cada mañana.
Y añorarás la calma
Cuando alguien te reconozca.
Pero no hoy.
Hoy beberás una cerveza
Que llegó como el remedio hasta tu casa
Porque se ha muerto la Arminda
Y se ha muerto la Arminda entre las páginas,
Y llegaba el tren a Tirso,
A tu parada,
Y tocaba caminar,
Y Madrid no anda de luto
Sino mansa.
miércoles, 8 de agosto de 2018
El encuentro
Acudí a la encrucijada con mi guitarra al hombro y el cruce de caminos era un suelo de mármol. Llevaba las sandalias atadas a los tobillos, yo, y una ligera sombra.
Apareció.
Apareció como debe aparecer la muerte, con su rostro de lujuria, con luz y brillo de gusano, con su sexo enorme cubierto de pelo y la garganta húmeda.
Me señaló.
Me señaló con sus dedos de cabrón negro, de cuerda, de blues, de clavija para los desamparados. Aparté de mis ojos una esquela con mi nombre. Impidió que me arrodillara de una patada en la entrepierna y me empujó a la niebla, densa y rasa, que me cubrió cuando la boca dio de bruces contra el barro.
De aquel esperma nació una nueva criatura, una que mueve los dedos como el diablo, que se queja como un perro con manos, que se amamanta del sonido que soléis escuchar en las azoteas.
Que soléis escuchar en las azoteas.
¿Escucháis?
lunes, 6 de agosto de 2018
Naufragio
Me desespera a veces
esta brisa ligera del anonimato,
de la inexistencia,
esta indefensión del lamento que no se escucha.
Me desespera a veces el hueco,
el vacío,
el monstruo.
Es en estas noches de ceniceros haítos de ceniza,
en estas noches,
siempre noches,
cuando me abrazo a cualquier cadáver hinchado
sin velas
que izar.
esta brisa ligera del anonimato,
de la inexistencia,
esta indefensión del lamento que no se escucha.
Me desespera a veces el hueco,
el vacío,
el monstruo.
Es en estas noches de ceniceros haítos de ceniza,
en estas noches,
siempre noches,
cuando me abrazo a cualquier cadáver hinchado
sin velas
que izar.
Si pudiera
Lucha como un espigón,
como una proa.
Se yergue invencible,
minúscula ante el tiempo
y el lugar.
Si la noche arrecia
se ve inversa ante el reflejo.
Ojalá pudiera
apuntalar su espalda con las manos
como si fueran de un material recio,
sólido
como el invierno.
Pero, ¿qué puedo ofrecer yo?
Peregrino de mi ausencia.
El sexo del poseído, del hambriento,
la brújula indispuesta
que se ausenta
y un café,
alguna mañana,
como si pudiera despertar.
domingo, 5 de agosto de 2018
Metamorfosis
Te echaré de menos cuando acabe
este grito inaudible de desierto,
el tenue aroma de mi descomposición.
Cuando sea nada
o ya sea grande,
te echaré de menos
como a cada puerta cerrada que persigo.
Ignoro el desenlace,
el veredicto,
la resolución.
Quizá mañana me despierte siendo una raíz,
una elongación decidida de mis huesos
y, ya inamovible,
se me entregue el alimento
más allá de la superficie.
Qué pálidos serán mis dedos entonces,
como si nunca
hubiesen tocado.
jueves, 26 de julio de 2018
Confieso la ambición
Sólo he pedido
un oído inmenso
y, a veces,
si me desbordo,
el esqueleto difuminado de la permanencia.
Te cambio lo convulso,
el sexo en pendiente, imparable,
el café,
las mañanas y el paisaje los cambio,
digo,
por ser un recuerdo en tu bolsillo,
el hilo que deserta de la tela
cuando apremia la compañía
y no hay más que sábanas
o paredes
o cualquier gato reticente
temeroso del vacío, allá,
tumbado en el salón.
No me sirve el haber sido,
el tropiezo sin la demolición,
la circunstancia.
Sólo he pedido la palabra
como el eco de las armas
en la cueva que me viste.
un oído inmenso
y, a veces,
si me desbordo,
el esqueleto difuminado de la permanencia.
Te cambio lo convulso,
el sexo en pendiente, imparable,
el café,
las mañanas y el paisaje los cambio,
digo,
por ser un recuerdo en tu bolsillo,
el hilo que deserta de la tela
cuando apremia la compañía
y no hay más que sábanas
o paredes
o cualquier gato reticente
temeroso del vacío, allá,
tumbado en el salón.
No me sirve el haber sido,
el tropiezo sin la demolición,
la circunstancia.
Sólo he pedido la palabra
como el eco de las armas
en la cueva que me viste.
Reflexiones
Es la felicidad siempre reminiscencia,
un psicotrópico producto.
No es real el tacto
salvo si se le recuerda,
tampoco el pedestal
destacando en alza de la rutina.
No viven las palabras,
tampoco el gesto,
cuando se pronuncian
sino que dejan una marca,
un vacío en la arcilla
apenas indeleble,
un bosquejo para mirar atrás
cuando ya no se sucede.
El ahora no es más que pensamiento
y soledad.
Un estornudo de terror, quizá,
ante otros cuerpos.
viernes, 20 de julio de 2018
Aire
No me estoy ahogando,
en realidad.
Respiro.
Tiemblo a veces con la música,
con una ventanilla,
con una calada,
con un instante de espasmo
más cerca de un gigante
que del terror.
Y descubro algunas noches,
ya ves,
errantes entre un amasijo de palabras
las correctas.
No.
Quizá no me estoy ahogando,
en realidad.
No existirá, quizá, la ropa con que me visto
ni los cadáveres,
no seré
dueño de un abandono legendario
ni el único ser
que teme.
Será una comedia, quizá,
de la que arrepentirse,
solo,
de vez en cuando.
en realidad.
Respiro.
Tiemblo a veces con la música,
con una ventanilla,
con una calada,
con un instante de espasmo
más cerca de un gigante
que del terror.
Y descubro algunas noches,
ya ves,
errantes entre un amasijo de palabras
las correctas.
No.
Quizá no me estoy ahogando,
en realidad.
No existirá, quizá, la ropa con que me visto
ni los cadáveres,
no seré
dueño de un abandono legendario
ni el único ser
que teme.
Será una comedia, quizá,
de la que arrepentirse,
solo,
de vez en cuando.
domingo, 15 de julio de 2018
Arriba
Pasará la erupción de esta noche
como pasa todo,
como el martes,
como las sábanas,
como las fachadas.
¿Qué permanece?
Vuelo como una rapaz invidente,
en círculos,
en la seguridad
de lo previamente trazado.
Desconozco el suelo
más allá de la caída.
Dime cómo me alimento,
las tripas se encogen,
no hay aquí
otra cosa que horizonte,
allá,
dónde sólo alcanza la vista.
como pasa todo,
como el martes,
como las sábanas,
como las fachadas.
¿Qué permanece?
Vuelo como una rapaz invidente,
en círculos,
en la seguridad
de lo previamente trazado.
Desconozco el suelo
más allá de la caída.
Dime cómo me alimento,
las tripas se encogen,
no hay aquí
otra cosa que horizonte,
allá,
dónde sólo alcanza la vista.
Invierno
Existe un músculo que se contrae
por el remordimiento.
Ilocalizable.
Enorme.
Mítico,
tal vez.
Se abre como una flor nocturna,
es un residente de la oscuridad
y repasa conmigo
cada acontecimiento.
Me susurra.
Es mi vida,
mi sucesión,
un artículo de rebaja,
una película ajada por la insistencia.
Si fuera un héroe,
un andamio que sujeta,
podría dormir.
Pero no.
No aspiro ya a ser cimiento
o nutriente de cualquiera,
me basta,
¿puedes creerlo?
Me basta ser un témpano,
el hielo,
el frío de un recuerdo.
por el remordimiento.
Ilocalizable.
Enorme.
Mítico,
tal vez.
Se abre como una flor nocturna,
es un residente de la oscuridad
y repasa conmigo
cada acontecimiento.
Me susurra.
Es mi vida,
mi sucesión,
un artículo de rebaja,
una película ajada por la insistencia.
Si fuera un héroe,
un andamio que sujeta,
podría dormir.
Pero no.
No aspiro ya a ser cimiento
o nutriente de cualquiera,
me basta,
¿puedes creerlo?
Me basta ser un témpano,
el hielo,
el frío de un recuerdo.
Súplica
Con un decoro exquisito
recibo a los invitados.
Salud.
Larga vida,
mi hermano.
Visita mi casa,
abre
los cajones.
Dime qué ves.
Dime.
Es la mirada extraña
la que conoce el motivo.
Habla,
no me dejes solo.
Hace tiempo ya
que me he perdido.
recibo a los invitados.
Salud.
Larga vida,
mi hermano.
Visita mi casa,
abre
los cajones.
Dime qué ves.
Dime.
Es la mirada extraña
la que conoce el motivo.
Habla,
no me dejes solo.
Hace tiempo ya
que me he perdido.
Estéril
Esquivo.
Un gato en la basura al acercarte,
un cruce fugaz en cualquier avenida,
restos de perfume
de aquella mujer.
No me persigas.
No conoces la orilla donde me asomo,
donde me desperezo
y trato de abrir los pulmones
al despertar
ahogado de sueño.
¿Qué conoces de mí
más que la máscara?
No has visto mi piel
ni las huellas de la mula del arado.
Estoy solo aquí,
no crece nada,
un inmenso surco de tierra, quizá,
una humedad primigenia.
Un gato en la basura al acercarte,
un cruce fugaz en cualquier avenida,
restos de perfume
de aquella mujer.
No me persigas.
No conoces la orilla donde me asomo,
donde me desperezo
y trato de abrir los pulmones
al despertar
ahogado de sueño.
¿Qué conoces de mí
más que la máscara?
No has visto mi piel
ni las huellas de la mula del arado.
Estoy solo aquí,
no crece nada,
un inmenso surco de tierra, quizá,
una humedad primigenia.
Abismo
Eres un tiempo latente,
una sombra de suceso
que ha logrado su permanencia.
Un animal de extremidades inmensas,
hambrientas
como de insecto.
Un ser extendido
encaramado a las paredes.
Tan precisa.
Madrid es una ciudad de maletas,
¿las has visto?
Un viaje perpetuo e inexacto
ha infectado a sus habitantes.
Se alejan.
Pero tú permaneces,
con la insistencia de las raíces,
como el roce de tus vestidos
o el tacto de la sandalia
bajo tu pie.
No existe la huida,
no existen las fronteras en lo inconcluso,
no existe el exilio
desde ti.
Es por eso que me sentaré aquí,
ahora,
al límite del balcón,
del abismo sobre la calle,
con una copa de vino
como si me recordaras.
una sombra de suceso
que ha logrado su permanencia.
Un animal de extremidades inmensas,
hambrientas
como de insecto.
Un ser extendido
encaramado a las paredes.
Tan precisa.
Madrid es una ciudad de maletas,
¿las has visto?
Un viaje perpetuo e inexacto
ha infectado a sus habitantes.
Se alejan.
Pero tú permaneces,
con la insistencia de las raíces,
como el roce de tus vestidos
o el tacto de la sandalia
bajo tu pie.
No existe la huida,
no existen las fronteras en lo inconcluso,
no existe el exilio
desde ti.
Es por eso que me sentaré aquí,
ahora,
al límite del balcón,
del abismo sobre la calle,
con una copa de vino
como si me recordaras.
sábado, 14 de julio de 2018
No dormir
Pierdo luz.
Anochezco.
Humillado por la longitud del día,
inquilino a fuerza de mi cuerpo,
de este cuerpo que me lleva,
que deserta,
que apenas me contiene.
Cederé
obediente a la demanda
y apuraré el cigarrillo
y dejaré calentar la cerveza
hasta mañana.
Apagaré el televisor
y me recostaré a esperar
sobre este insomnio de esparto.
Alerta.
Despierto.
Desnudo.
Anochezco.
Humillado por la longitud del día,
inquilino a fuerza de mi cuerpo,
de este cuerpo que me lleva,
que deserta,
que apenas me contiene.
Cederé
obediente a la demanda
y apuraré el cigarrillo
y dejaré calentar la cerveza
hasta mañana.
Apagaré el televisor
y me recostaré a esperar
sobre este insomnio de esparto.
Alerta.
Despierto.
Desnudo.
lunes, 2 de julio de 2018
Letargo
Se coloca en un vértice de silencio la calle
hoy
como después de una hambruna
demasiado sostenida.
No veo televisores
tras las contraventanas,
sólo letargo
y un ir y venir de figuras,
peregrinos de regreso
a un colchón meado,
a una rutina del sueño,
a una vida.
Se anuncia la llave en el portal
con eco de desfiladero,
apto para emboscadas,
tosco de balcones.
Me detengo.
Me giro.
Estoy solo.
Soy una nota arrancada
por un dedo inexistente.
hoy
como después de una hambruna
demasiado sostenida.
No veo televisores
tras las contraventanas,
sólo letargo
y un ir y venir de figuras,
peregrinos de regreso
a un colchón meado,
a una rutina del sueño,
a una vida.
Se anuncia la llave en el portal
con eco de desfiladero,
apto para emboscadas,
tosco de balcones.
Me detengo.
Me giro.
Estoy solo.
Soy una nota arrancada
por un dedo inexistente.
domingo, 17 de junio de 2018
Apeadero
Existe una miseria
en cada llegada a casa,
un rumor tísico
de derrota.
No basta
la presencia de la ciudad
ni el estar de sus habitantes.
Les veo pasar
y me veo,
después,
sacándome los calcetines
o la inmundicia de lo caminado
antes de abrirme una cerveza.
Me sorprendo a ratos medio dormido
en los vagones del tren del que bajé.
Y me cuelgan, también, los pies
desde estas barandas rectas de apeadero
donde espero una presencia,
sentado,
la mía, quizá,
la que huyó tras el descalabro,
la que se acusa de haber sido
alguna vez
y te persigue.
en cada llegada a casa,
un rumor tísico
de derrota.
No basta
la presencia de la ciudad
ni el estar de sus habitantes.
Les veo pasar
y me veo,
después,
sacándome los calcetines
o la inmundicia de lo caminado
antes de abrirme una cerveza.
Me sorprendo a ratos medio dormido
en los vagones del tren del que bajé.
Y me cuelgan, también, los pies
desde estas barandas rectas de apeadero
donde espero una presencia,
sentado,
la mía, quizá,
la que huyó tras el descalabro,
la que se acusa de haber sido
alguna vez
y te persigue.
viernes, 15 de junio de 2018
Axioma
Moriré solo.
Como tú.
Parte de una comunidad superflua,
de un accidente.
Espero con buen ánimo
sentado en este banco.
Cruje cuando me acomodo,
un llanto leve de madera,
tal vez.
Observo.
Es placentero mirar.
Me levanto de cuando en cuando
si merece la pena
o me da por acariciar el pelo
de un transeúnte.
Es esa mi recompensa,
un leve tacto
como declaración.
Como tú.
Parte de una comunidad superflua,
de un accidente.
Espero con buen ánimo
sentado en este banco.
Cruje cuando me acomodo,
un llanto leve de madera,
tal vez.
Observo.
Es placentero mirar.
Me levanto de cuando en cuando
si merece la pena
o me da por acariciar el pelo
de un transeúnte.
Es esa mi recompensa,
un leve tacto
como declaración.
Lupus
Mi abuelo, siendo yo un crío, me ponía una cinta que narraba la vida de una manada de lobos y regalaban con los yogures de Yoplait. A mi abuelo, en el pueblo, un pueblo de La Mancha y de cultivo de azafrán, lo apodaban "el lobo" porque su madre, mi bisabuela, tenía un apellido peculiar.
Moralobo.
En singular.
Como un presagio del desierto.
Mi oído de niño temía los aullidos grabados en el casete.
Hoy, tengo el hombro pintado con aguja en negro y en memoria de aquellos días. Hoy, el pasado en la boca sabe a bolsa de pipas con sal, para después de las comidas.
Hoy, hay un monte vacío en la tripa convulsa de la ciudad.
Quizá no signifique nada.
Quizá.
Moralobo.
En singular.
Como un presagio del desierto.
Mi oído de niño temía los aullidos grabados en el casete.
Hoy, tengo el hombro pintado con aguja en negro y en memoria de aquellos días. Hoy, el pasado en la boca sabe a bolsa de pipas con sal, para después de las comidas.
Hoy, hay un monte vacío en la tripa convulsa de la ciudad.
Quizá no signifique nada.
Quizá.
Tareas
¿Cuál es mi misión?
¿Escudriñar una calle estrecha
desde la ventana?
¿Ser guarda, quizá,
de un campo caduco,
de la grieta en la costra de los surcos
o de una dehesa deshabitada?
Es terco el avance de los días,
monótono,
un goteo abstracto,
simbólico,
del desacierto.
Pero sigo en la pelea,
sonado,
veterano,
al borde de la extinción,
con más canas en la barba
que antaño.
No podréis hacerme daño,
de eso
me encargo yo.
¿Escudriñar una calle estrecha
desde la ventana?
¿Ser guarda, quizá,
de un campo caduco,
de la grieta en la costra de los surcos
o de una dehesa deshabitada?
Es terco el avance de los días,
monótono,
un goteo abstracto,
simbólico,
del desacierto.
Pero sigo en la pelea,
sonado,
veterano,
al borde de la extinción,
con más canas en la barba
que antaño.
No podréis hacerme daño,
de eso
me encargo yo.
lunes, 11 de junio de 2018
Para alguno
Si necesitas algo, me despiertas,
que no es mi sueño tan recio
como para permanecer,
que se mueve,
más bien,
con una dignidad mentirosa.
Si tuvieras un temblor,
un ligero espasmo en el recuerdo
o en la pesadumbre,
sólo encoge la garganta y el vacío
con mi nombre.
Estaré recostado,
inerte en apariencia,
como en un rincón,
como con manos ausentes,
con antebrazos elásticos
como de muerto reciente.
Estaré en el refugio contra el tedio,
ése con forma de catre
y de hambre
en aquella esquina.
No está lejos, míralo,
y mi sueño
no es tan recio.
que no es mi sueño tan recio
como para permanecer,
que se mueve,
más bien,
con una dignidad mentirosa.
Si tuvieras un temblor,
un ligero espasmo en el recuerdo
o en la pesadumbre,
sólo encoge la garganta y el vacío
con mi nombre.
Estaré recostado,
inerte en apariencia,
como en un rincón,
como con manos ausentes,
con antebrazos elásticos
como de muerto reciente.
Estaré en el refugio contra el tedio,
ése con forma de catre
y de hambre
en aquella esquina.
No está lejos, míralo,
y mi sueño
no es tan recio.
Ezra
De Tirso a Tribunal,
esa es la ruta
que encuentro en un billete perdido
entre las páginas del cabrón de Pound.
Noche olvidada,
para vosotros
y para mí.
Hasta hoy.
Como Pound,
insensatos.
esa es la ruta
que encuentro en un billete perdido
entre las páginas del cabrón de Pound.
Noche olvidada,
para vosotros
y para mí.
Hasta hoy.
Como Pound,
insensatos.
Lunes
Hay quien duerme hoy,
ya lunes,
pasada la una,
como si nada sucediera.
No conocen mi casa
ni mis pulmones,
aquí,
recogidos en una habitación minúscula,
bajo una pared de carteles
que colgué asimétricos
con mi nombre.
Ignoran mis ganas de silbar,
la preocupante superpoblación
de mi cenicero,
la intranquilidad de todos los paseos
entre paredes.
Duermen
alejados del aire que llena los espacios,
de la vigilia tensa que precede al día,
a la incógnita.
El insomnio es un semental de trote insaciable,
sediento de cuerpos,
abrevándose,
a veces,
de mí.
ya lunes,
pasada la una,
como si nada sucediera.
No conocen mi casa
ni mis pulmones,
aquí,
recogidos en una habitación minúscula,
bajo una pared de carteles
que colgué asimétricos
con mi nombre.
Ignoran mis ganas de silbar,
la preocupante superpoblación
de mi cenicero,
la intranquilidad de todos los paseos
entre paredes.
Duermen
alejados del aire que llena los espacios,
de la vigilia tensa que precede al día,
a la incógnita.
El insomnio es un semental de trote insaciable,
sediento de cuerpos,
abrevándose,
a veces,
de mí.
Sulfi
Mi gata ha vomitado hoy
babas con sangre.
Ya ha luchado por su vida,
antes,
en las calles.
He recogido parte de ella,
hoy,
del suelo de mi cocina
usando un puñado de papel absorbente.
Ahora duerme mientras escribo,
su sangre disidente está en la basura,
oxidándose,
supongo,
allá en el cubo,
como la de todos,
como la mía si se marcha
mientras duerme.
babas con sangre.
Ya ha luchado por su vida,
antes,
en las calles.
He recogido parte de ella,
hoy,
del suelo de mi cocina
usando un puñado de papel absorbente.
Ahora duerme mientras escribo,
su sangre disidente está en la basura,
oxidándose,
supongo,
allá en el cubo,
como la de todos,
como la mía si se marcha
mientras duerme.
Tanto tiempo
Asaltaría tu balcón,
lo juro,
con vértigo
de niño descalzo de las afueras.
Me plantaría allí con mi bolso
y mi jersey,
con tabaco en el bolsillo,
con los mismos tatuajes.
Asaltaría tu balcón,
te lo juro,
tras una expedición de taxi
por eso de la urgencia,
que parezco un hombre muerto
últimamente,
estático,
con una leve hipoxia.
Erguido tras tu puerta,
amarrado a Madrid por la cintura
como un obrero de la reconquista,
sería capaz
de usar los nudillos contra el cristal
y de un rostro digno
como habitante de la sepultura
que regresa.
Saldría ahora de mi portal
como un presente de memoria
pero temo
no reconocerte.
lo juro,
con vértigo
de niño descalzo de las afueras.
Me plantaría allí con mi bolso
y mi jersey,
con tabaco en el bolsillo,
con los mismos tatuajes.
Asaltaría tu balcón,
te lo juro,
tras una expedición de taxi
por eso de la urgencia,
que parezco un hombre muerto
últimamente,
estático,
con una leve hipoxia.
Erguido tras tu puerta,
amarrado a Madrid por la cintura
como un obrero de la reconquista,
sería capaz
de usar los nudillos contra el cristal
y de un rostro digno
como habitante de la sepultura
que regresa.
Saldría ahora de mi portal
como un presente de memoria
pero temo
no reconocerte.
miércoles, 6 de junio de 2018
Eme
Hay algo de heroico
en la tranquilidad de un gato,
una resistencia sutil,
un ponerle a la vida
su camisón de trapo,
una elegancia
de guerrilla en pausa,
un caminar siempre al filo
de los balcones.
en la tranquilidad de un gato,
una resistencia sutil,
un ponerle a la vida
su camisón de trapo,
una elegancia
de guerrilla en pausa,
un caminar siempre al filo
de los balcones.
Estanqueidad
Amarillean las fotos en papel
y el árbol de Cecebre
empieza a cubrirse de óxido
aquejado en su queja de tiempo.
Lo observo,
así,
plasmado en su materia perecedera
y me pregunto si sigue en aquel lugar,
me pregunto si sigo
en aquel lugar.
Escribir
Una pared gris
como de diente usado
con trazas ligeras de sangre,
un pezón de nieve para mamar del frío
y este brazo de la nada
que me sostiene.
Madrid y tejas entumecidas,
ejército de la arcilla propuesta
para el hurto de la lluvia.
Una mesa,
un teclado,
unos papeles.
como de diente usado
con trazas ligeras de sangre,
un pezón de nieve para mamar del frío
y este brazo de la nada
que me sostiene.
Madrid y tejas entumecidas,
ejército de la arcilla propuesta
para el hurto de la lluvia.
Una mesa,
un teclado,
unos papeles.
viernes, 25 de mayo de 2018
Dylan
En este etílico momento
donante del valor necesario,
pontifico acerca de la existencia.
Caminar sin vida
like a rolling stone,
es digno del Nobel
y de mi desprecio,
no hacia Bob,
de voz indescifrable y moribunda,
sino hacia vosotros,
esfinges de bolsos en bandolera,
de despacho
y nada más.
¿Cuántos estáis ahora
asomados al balcón
escuchando la tormenta sobre Madrid?
donante del valor necesario,
pontifico acerca de la existencia.
Caminar sin vida
like a rolling stone,
es digno del Nobel
y de mi desprecio,
no hacia Bob,
de voz indescifrable y moribunda,
sino hacia vosotros,
esfinges de bolsos en bandolera,
de despacho
y nada más.
¿Cuántos estáis ahora
asomados al balcón
escuchando la tormenta sobre Madrid?
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