Sucede la devastación a la despedida.
Suceden los días
como en un atrio callado.
Quedan los bares, quizá,
el estruendo de ausencia,
de palabras, de alcohol,
la peste del despojo,
la cerveza.
Quedan los bares, quizá,
previos a la pausa,
a la calma,
al caminar escaso
como de vuelta a casa.



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