Quizá la muerte no sea
más que un atajo a la gloria
o una advertencia de cura
o una letrina de historia
o un deslizarse muy cauto
con pulcritud de gusano
o un detenerse muy uno
para ser memoria un rato.
Un apeadero, quizá,
temporal y biensonante,
un regazo,
un alacrán
o ese rabo del ser
más bien punzante.
He de perderme, no hay más,
importa un carajo la vida,
a la voz de hoy seguirá
la tierra,
el parar,
la escabechina
y un Luis hecho pedazos,
además,
y una huella inerte en el pedal
de la puerta a la sordina.
Alejados, pues, quedáis
por abandono inherente,
si espera la soledad,
compañeros por azar,
tramitémosla en urgente.



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