demagogo y vocinglero,
percibo aromas de truño,
habla el rojo como el clero.
Resucita los vocablos,
de la noche y de la sangre,
su palabra es el venablo,
la agonía, el ser del hambre.
Líbreme Marx de la escoria,
que le escuece a mis abuelos,
sáquenmelos de la historia,
no me apetecen más duelos.
Es ambición lo que hiede
y no me gana esa zurda,
por no poder ya ni puede
ser su voz más que palurda.
Pablo, devuélveme el robo,
que se escuche a los sinceros,
la acampada no fue un globo
y tú no fuiste, Pablo, el primero.



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