Moriré solo.
Como tú.
Parte de una comunidad superflua,
de un accidente.
Espero con buen ánimo
sentado en este banco.
Cruje cuando me acomodo,
un llanto leve de madera,
tal vez.
Observo.
Es placentero mirar.
Me levanto de cuando en cuando
si merece la pena
o me da por acariciar el pelo
de un transeúnte.
Es esa mi recompensa,
un leve tacto
como declaración.



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