Me desespera a veces
esta brisa ligera del anonimato,
de la inexistencia,
esta indefensión del lamento que no se escucha.
Me desespera a veces el hueco,
el vacío,
el monstruo.
Es en estas noches de ceniceros haítos de ceniza,
en estas noches,
siempre noches,
cuando me abrazo a cualquier cadáver hinchado
sin velas
que izar.



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