En este etílico momento
donante del valor necesario,
pontifico acerca de la existencia.
Caminar sin vida
like a rolling stone,
es digno del Nobel
y de mi desprecio,
no hacia Bob,
de voz indescifrable y moribunda,
sino hacia vosotros,
esfinges de bolsos en bandolera,
de despacho
y nada más.
¿Cuántos estáis ahora
asomados al balcón
escuchando la tormenta sobre Madrid?



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