Cubierto por el éxtasis de la nada
observo la pantalla del televisor.
Es la hora de las arañas,
del desmembramiento que propicia la memoria,
tan locuaz,
tan inapetente del ahora
como del alimento frío.
Recurren los transeúntes al susurro
cuando no quieren ser vistos,
arrastran los pies
en un movimiento letárgico
y así pasan los días,
la medianoche,
en un éxtasis de la nada
frente al televisor.



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