Existe un Luis minúsculo,
apreciable apenas,
mucho menor
que una libra de carne.
Está aquí,
sentado en su butaca,
inmerso en este cuerpo,
peón de la apariencia,
expectante
ante vuestros actos.
Nada tiene que ver
el individuo que se muestra
con el ausente,
mínimo Luis de relicario,
cuaderna de galera oculta
por la presencia de los remos.
Es eso lo que se enseña,
el instrumento inerte,
la calavera
movida sólo con el pretexto
de navegar.



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