Conviene, a veces,
el latigazo,
el sabor salado de la herrumbre,
la infección de lo sucedido.
Pesa la bolsa cargada,
su piedra arquea
el dorso del los nombres
allá en la espalda.
Se me enreja en las paredes
la posibilidad del mañana,
ahora,
aquí,
con la baba amarga del recuerdo
pendiente de una boca de rabia.
La sábana apesta a trinchera,
a futuro en guerra,
a noche.
Y yo no puedo dormir
en medio del asalto.



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