Te echaré de menos cuando acabe
este grito inaudible de desierto,
el tenue aroma de mi descomposición.
Cuando sea nada
o ya sea grande,
te echaré de menos
como a cada puerta cerrada que persigo.
Ignoro el desenlace,
el veredicto,
la resolución.
Quizá mañana me despierte siendo una raíz,
una elongación decidida de mis huesos
y, ya inamovible,
se me entregue el alimento
más allá de la superficie.
Qué pálidos serán mis dedos entonces,
como si nunca
hubiesen tocado.



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