Eres un tiempo latente,
una sombra de suceso
que ha logrado su permanencia.
Un animal de extremidades inmensas,
hambrientas
como de insecto.
Un ser extendido
encaramado a las paredes.
Tan precisa.
Madrid es una ciudad de maletas,
¿las has visto?
Un viaje perpetuo e inexacto
ha infectado a sus habitantes.
Se alejan.
Pero tú permaneces,
con la insistencia de las raíces,
como el roce de tus vestidos
o el tacto de la sandalia
bajo tu pie.
No existe la huida,
no existen las fronteras en lo inconcluso,
no existe el exilio
desde ti.
Es por eso que me sentaré aquí,
ahora,
al límite del balcón,
del abismo sobre la calle,
con una copa de vino
como si me recordaras.



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