sábado, 16 de diciembre de 2017

Carta abierta a los revolucionarios Netflix

Revolucionarios del veintiuno,
voceros del disparate,
mártires de alma de tuno,
durrutis de escaparate.

Plancháis camisetas del Che
con olor a suavizante,
clamáis "sé lo que no sé"
como una recua ignorante.

Y sumís mi querida izquierda
en tiempos más bien oscuros,
un carro mental de mierda
que rueda guiado por mulos.

Cesad, por favor, la afrenta,
leed un puñado de libros,
los que narran las tormentas,
los muertos que sí que han sido,

aquéllos que os han dejado
las calles abiertas y limpias,
aquéllos que, mano a mano,
llevaron la muerte encinta. 

El pensar por uno mismo,
muy lejos de los pasquines,
no equivale a ese fascismo
que rezáis cada maitines.

Permitidme acabar mi queja,
queja desde el privilegio,
pidiendo que, si se os deja,
volváis raudos al colegio.

Os queda tanto camino,
mis errados combatientes,
que de otro modo el destino
os hará saltar los dientes.











miércoles, 13 de diciembre de 2017

Petición de asilo a los poetas mileniales.

¿Me habéis mirado?

Me muevo solidario al planeta,
soy un esclavo gravitacional.
Cuando pido un tercio en las barras,
con estos ojos de lactante,
hambriento ser esperando un pecho,
antes del primer trago me he trasladado,
raudo,
unos ciento cincuenta kilómetros 
en el espacio.

El vacío me rodea
a cualquier escala,
decidme, 
poetas de la intensidad,
si esto no es bohemia.










martes, 12 de diciembre de 2017

Blanco y negro

El final es una lombriz de tierra,
sucio de barro tras la lluvia.
Duerme subterráneo,
con ojos inexistentes,
tan inerte como la ignorancia.

Pero ha de alimentarse
cuando se acaba el tiempo.

Son entonces las historias,
en ese instante de martillo,
un sustento inanimado.

Son pan.

Y todo es convulso
y no olvido.

Y la ciudad,
los cines,
los suburbios...
Todo vuelve a su lugar.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Analgésico

Me incorporo.

El horizonte tiembla,
como si un espejismo
lo velara con un calor distante.

La habitación está cerrada,
he dejado en el portal
la indiferencia
antes de pisar la cama.

Un ardor de brasa escala mis tobillos.
¿No era el invierno?
¿No era el vacío un ser invertebrado
incapaz de mantenerse en pie?

Se me va el réquiem por el lavabo, 
no son las mantas
la razón del abrigo.

La desconozco.

Soy un cachorro
que se alimenta de la ciudad perenne,
inamovible,
tibio
en la inmediatez de sus pezones.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Retórica

Golpea la insolencia de las fotos,
inmutables
como el insomnio del tiempo,
allá
en las paredes.

Recipientes de lo irrecuperable,
perros con la edad en la saliva,

¿por qué habría de salvaros del fuego?

domingo, 3 de diciembre de 2017

Espía

Sobre el mueble se sienta un gato,
digno,
blanco.

Me observa desde ese plano
tan elevado del suelo.
Encuentra, quizá,
interés en lo que hago.

Sólo escribo,
gato,
sólo ando.



Confesión

Disfruto en la soledad
de un placer delincuente,
como de mártir 
durante su calvario.

Puedo describir con ella lo enorme,
lo distante,
buscar la esquina de una cafetería,
disimular abriendo un libro
y ser un cosmonauta que observa
desde el vacío.

Sufro la diferencia,
la incompatibilidad,
como si me calentaran en el frío.

Seré, quizá, un farsante,
el hombre que se esconde tras el coro
de la tragedia

y luego la escribe,
en lugar de desmembrarse
con el dolor de veras.



domingo, 26 de noviembre de 2017

Habitación

Cae el telón,
agrio
como leche caduca,
con su terciopelo opaco,
con su maraña de nadas,
con su riel redentor.

Y la noche,
de piel aspera de culebra,
se ovilla como la lana.

Los días son superficie,
son alambres,
son un campo inmenso
sembrado de esperma estéril.

Sigue el camino,
tan rojo,
desde la puerta.

Entorna los ojos,
pliegue de espinos,
que mañana vendrán las vías,
la pared terrible,
la luz del cénit del mediodía,

que mañana hará falta
el despertar.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Cristal

Observo entonces,
con cariño, al enemigo 
en el espejo de la ventana.

Parece tan cansado
como yo.

Entrada

Como si fuera posible la pausa,
la detención,
el cierre de la puerta me tranquiliza.

Se relajan los omoplatos,
el hombro izquierdo,
el cuello,
me reciben los gatos
antes de marchar.

Estoy en el pasillo,
en el cordón,
en la vereda a la matriz
que me alimenta,
un útero de ladrillo y objetos,
la cueva cálida de mi Legión. 

Qué importa la forma,
afuera queda el tribunal
de mis enmiendas,
la amenaza del vosotros,
las tertulias a las que no pertenezco,
la pátina de los cafés de Cascorro.

Como si fuera posible la pausa,
estoy en casa,
tranquilo,
no nato, 
de nuevo.





viernes, 17 de noviembre de 2017

Tras el portal

La ciudad se tiende desnuda,
alguna mañana,
y yace gris mientras la recorro.

Con sus diminutos dientes,
como pequeñas balas de conciencia,
me atraviesa el remordimiento.
Veo adherida al ladrillo,
a los arcos de las plazas,
al pergamino
de la frente de los rostros que me cruzo,
la letra con que escribí mi renuncia.

Soy fusilado,
alguna mañana,
por lo ausente.

Y leo, camino del trabajo,
y observo el tenaz vacío de los andenes
en este bucle demente de inexistencia,
y soy un perro sentado en la playa
que se atreve a mirar el mar.

Vivo en el foco corrupto
de la elipse de la memoria. 

Necesitaría, al menos,
alguna mañana,
descansar.










jueves, 9 de noviembre de 2017

Educación física

¿Es la resaca o es la borrachera
la que me aleja de la orilla?

Tengo dos gatos en la puerta del dormitorio
maullando por su comida y tengo
la boca magullada de no estar seguro
de lo que dije.

Así se amanece cuando los hombros se contraen
por mantenerse a flote.

Yo que inventaba dolores fantasma
para escapar a los días de piscina del colegio.



Otoño intrínseco

Mi cuerpo desnudo tiene cuarenta años.

Lo visto
como si pudiera ocultar
la remesa de juguetes gastados.

Y ahí camina
orgulloso de la vestimenta,
ignorante de la afrenta
que, más allá,
lo ensucia.

Mi cuerpo desnudo tiene ya cuarenta años,

ya pasó
la efervescencia,
la piel tersa como de tambor,
la tragedia.

Ya se cruzó la frontera
y aún no se escanció el vino 
de la mejor cosecha.

Queda el frío de los huesos,
la visita nocturna de la inapetencia
y un vacío mítico y brutal.

Soy más que era,
es cierto,
soy más que edad,
que periplo.

Una estirpe de soledad primigenia
se tumba a mi lado,
cada noche.

No importa el cuerpo que me acompañe,
camino con mis pies,
no con otros.

No existe paz en la vereda
cuando se agotan las fuerzas,
la muerte te va de frente,
como una maraña de hormigas
dispuestas a devorar.

Encontraré la guerra
en las victorias ausentes,
en los soldados dementes,
en el ser
y nada más.

Dichosos los residentes de la escoria,
de la rendición,
de la marea marchita
que no maneja las piedras.

Dichosos 
todos los muertos
sin revolución.








martes, 7 de noviembre de 2017

Nacionalismos

Gritan
"calavera".

Gritan
"yo soy".

Gritan 
"extranjero"
con sus bocas de bandera
y con su tráqueas de mástil.

Como gritaron siempre.

Como gritan hoy.






Mañana estará muerta

El Caos del mundo
se quedó en el filo 
de aquel vaso de cerveza,
en la terraza oscura de invierno,
en el polvo del abrigo.

Y llegó la calma de peregrino tendido,
del catre que da cobijo en el páramo.

Un espejismo autoritario y caduco.

Una mentira.

Pero, por un instante, se aceleró el tiempo,
la terca rotación cambió de rumbo.

Estuvimos.

Fuimos,
sentados en aquella silla,
los únicos habitantes de la pecera de cristal
de la existencia.

Luego,

desapareció.

lunes, 30 de octubre de 2017

Baloncesto

En agosto de 1.984,
mientras ganábamos la plata de Los Ángeles,
plata transatlántica distorsionada en el transistor,
miraba la calle 
desde el cuarto piso de mis abuelos.

En el balcón ellos,
yo, 
calor,
noche
y dos jaulas con jilguero y canario,
de ésas con aquella pieza blanca,
colgada de un alambre, 
para afilarse el pico.

A mis siete años 
les escuchaba cantar cada mañana,
como hoy, 
en una calle de Vallecas hacia el trabajo.

No consigo recordar cuándo desaparecieron.
Son, 
simplemente, 
y dejan de ser en mi cabeza.

El camino, supongo,
y las derrotas de la memoria.

jueves, 26 de octubre de 2017

Cuando velaba

Hubo noches de recuento,
de letanía de víctimas,
de mantra del fracaso.

Se acercaban, 
con sigilo mentiroso, los almendros,
el Dyc caliente y con coca,
la leche al cazo y al fuego.

Eran noches de protesta,
de revolución caótica,
de mezcla de razas de recuerdo,

todos con su puño en alto,
descompuesta la piel, y en la muñeca
los restos de la tierra del entierro.

Sintra,
Madrid,
el miedo,

La Laguna,
los ojos,
los nudillos,

las benditas piedras de Staglieno...

Fui madrugadas de cadalso,
madrugadas de escritores muertos
y barras de mierda
en bares de mierda,
y febreros, 

también hubo febreros, 

y septiembres de patria y lluvia
a la salida del metro.

Fueron noches que dormían en la paz 
de la litrona y el cuento,

pero ya no.

Se me instaló en la boca la derrota
y yo ya no busco más

porque no encuentro.









martes, 24 de octubre de 2017

Mensaje figurado y en quincena pesimista para el ínclito David Sevilla

Éramos,

fuimos,

cachorros de la incertidumbre,
del aula de tiza y cruz,
de la cancha,
de las jaulas.

Y yo le temo al tiempo, compañero,
y a sus decapitados,
a la bandeja,
a la plata,

al no ser todavía.

He vuelto a la ciudad
como quien caza un recuerdo.

Soy,

seré,

un veterano precoz
que se diluye en las avenidas,
que las mancha,
que persigue.

Éramos ideólogos de la huida
y cuando no hubo celda, hermano, 
sólo fuimos hombres.

domingo, 15 de octubre de 2017

Metamorfo

Por un talud de olvido,
con su ángulo tan cruel,
ruedan mis máscaras
de barro compacto.

Ceniza del que he sido.

Mudo la piel en tierra
como quien se desprende
del terreno pisado

y soy un nuevo extraño
para ti.

jueves, 12 de octubre de 2017

Utopía

Si la pared adquiriese movimiento,
se despojara de sus cuadros,
de sus fotos,
sus espejos,

si dejase de ser piedra, tan inerte,
y proclamase la revolución 
de lo estático,

si un día participase, al fin, 
del tiempo
y, de pronto, fuese gas
y clamara por sus hijos, por el pan, 
por la sed, por un colchón,
por pensamiento...

Si le diera por sentir y despertara
como un gorrión pardo 
con las venas de cemento,

moriría entonces la ciudad, 

moriría bien

para que crezca el pueblo.

domingo, 8 de octubre de 2017

Blues contemporáneo

Consume, Ser.

Consume
sillas basura,
café basura,
ciudades basura,
noticias basura,
costados basura.

Consume
poesía basura,

Ser.

Consúmete.

Videncia

Tengo un objeto en la barriga.

Ha de ser piramidal

por la insistencia de sus pinchazos.

También azul,

de un azul profundo de certeza,
como un cobalto
o una escalera.

Apenas me llega su luz

a atravesar la dentadura.

Y rasga mis órganos

y mi placenta,

tan piramidal

y tan azul

como de certeza.

viernes, 6 de octubre de 2017

Para Ynuk (in memoriam, siempre).

Ahora no eres más que un susurro,
¿quién lo iba a decir?
Un hormigueo leve en el subsuelo,
ese movimiento residual del aire
ocupando el espacio 
después de la marcha de un cuerpo.

Pero alguna noche,
compañero,
recuerdo tus orejas
tiesas como un mástil de galera,
como tu camino recto hacia la muerte,
la tarde que pisaste el mar.

La nostalgia 

vive en la penumbra.



domingo, 1 de octubre de 2017

Espectro

Se me destripa el vientre
como un cañón bajo el glaciar,
congelado de años,
cuando te me apareces.

Esperas
mi guardia baja,
mis puños
a la altura de la cadera,
mis antebrazos
impolutos.

Y ahí llega aquel invierno
y el mechón
y el pelo completo, la cabellera,
y los pasos
con eco de memoria,

como si Madrid fuese una caverna,

un desfiladero.

Habeas corpus

Se me secó el estigma,
¿qué soy yo
con las muñecas completas?

Se me pudrió la sangre seca,
¿qué soy yo
sin penitencia?

Erupción

Romperé
esta cárcel de costillas
en una detonación descomunal,

creceré como el magma que se desliza
y seré roca oscura
cuando me sumerja.

La contención será entregada
en una noche tibia
como el otoño sin hojas
de Madrid

y yo seré roca oscura,

sumergida.

Habitación cerrada

No escucharé,
ya no existe,
mi bicicleta roja.

Ya no existe mi cantimplora
de las aventuras cerca de casa.

No está.

Ni los almendros,
ni la calle como de grava.

Me asfaltaron la niñez,
pasan
con sus coches
de nuevo siglo,

¿Dónde está
mi esponja
del sudor perdido,
del sudor añejo?

¿Dónde está la esponja
que me lavaba?

Visita

La ausencia es una voz que clama,
un incisivo que incide
en la carne como un martillo 
cubierto
de óxido.

Pam,

pam,

pam.

Llama a tu puerta de madrugada.

¿Vas a abrir?

¿Prefieres la Nada?

Pardo

Hace tiempo me puede la muerte,
la inconsistencia.

Y cuando miro,
cuando retomo,
no puedo ver
más que un oso,
bestial,
pardo 
y sucio,

de presente.

Me acabo de encalar
en las paredes del olvido

y soy blanco

y sucio

de presente.

Súplica

Es el tiempo
un esqueleto, un fantasma
que nos deja ver
a su través.

Y en sus cuencas de calavera,
en su mirada vacía,
en su mirada de cueva,
amontonamos la leña
para la hoguera.

No consigo calor
sin sus miembros.

Soy esclavo,
soy
marioneta,
el final del hilo
de sus falanges de calcio.

Líbrame, madre, 
del tiempo,
congela el avance,
déjame quedarme.

Déjame

quedarme.

domingo, 24 de septiembre de 2017

24 de septiembre

Es lícito llorar,
a veces,
como un niño.

Hacer la colada de ese hematoma turbio
que cubre el cuerpo,
de esa manta en escarlata y restos,
de ese sudario roído,

cambiar las sábanas,
ventilar agravios 
con un antiséptico
para roturas.

Es tan lícito el llanto
como la tormenta,
como el invierno,
como el grito.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Homo machina

Mi exterior es mecánico,
como la gula de los patíbulos
o la avaricia del cazador.

Me alojo en el interior
de mi vaina de carne
y, cuando sudo,
ella compone sus gotas con poleas, 
con cadenas minúsculas,
infinitesimales,

metálicas.

Es una vertiginosa tarea
la de la apariencia.

Ahí fuera,
en el corazón de la industria 
del ser cuerpo también, 
sólo existe ruido y fundición.

Mi exterior me impide el sueño
con su chirriar de vagonetas
transportando el mineral
que me sale de los pulmones.

Soy una fábrica perfecta
incapaz de dormir.

Quisiera mudarme,
dejar la celda, 
la galería, 
el penal,

ceder al exilio,

pero lo temo,
como al territorio
o a la mira de los fusiles
o a las voces de los atriles,

como al descanso 

del traidor.




sábado, 9 de septiembre de 2017

Regates espirituales de un viaje en suburbano

Soy pasto de la inapetencia,
de la inmovilidad física,
del calvario sináptico.

Diría, incluso,
que de un atisbo de ignorancia 
y de un zarpazo de fe rancia,
de un hueco que me crece
como las uñas.

Y del hormigón
y del chaleco del notario,
de la masa egoísta de las calles,
sin estigmas,
impolutos,
con sus córneas sin detalles.

Soy pasto del hielo,
también del escalofrío,
de esas colillas de Madrid en el invierno
que son yonquis insolentes del rocío.








miércoles, 6 de septiembre de 2017

Calle Bastero

Existe una finísima tela, una bruma, que me desfigura los recuerdos. No aprecio el pasado con nitidez. Temo deformarlo, convertirlo en un yo grotesco perpetrando acciones grotescas. Jamás me recuerdo como un héroe. Aun en las decisiones más intrascendentes, cuando miro atrás, me asemejo al más oscuro de los villanos. Quizá esta penitencia provenga de una vida previa, eliminada de la memoria durante el viaje, como un equipaje arrojado al vacío que aún me marca las manos. Quizá.

Mis sentidos son cada vez más agudos. Esta misma mañana he percibido cada perfume del vagón, cada color apagado, cada sonido. Tres personas sentadas frente a mí. Dos más a mi derecha. Todas mirando una pantalla. Ya nadie observa su reflejo en el espejo negro de las ventanillas. Nadie excepto yo. Todo ha cambiado tanto en veinte años. El cristal me devuelve mi rostro envuelto en la misma bruma. Mis ojos ven, pero cada vez son más pequeños, mi boca, en un acto de rebeldía, ha aumentado de tamaño, dilatada por todo lo que no he dicho.

Tengo miedo de que me rodee la niebla, de licuarme en el presente como lo hago en el pasado, siento, a veces, que tengo respiración de presa. Comando como un general sin estrategia.

Preferiría el silencio,
la degradación de lo banal,
la respuesta.

sábado, 5 de agosto de 2017

Impulso

Aparece el cúbito, 
el radio, 
la muñeca,
aparece también la mano entera
con su fractura de labor
como instrumento sucio
de la conciencia.

Baila sobre el papel, se contonea,
se necesita sólo el volver
para que vuelva.

Era oscura
allá en su madriguera,
era un lacio amasijo que suda,
era la lujuria 

del que espera.

Prophetia

Habrá un despertar profundo,
abisal,
y las articulaciones,
envueltas antes en quejido, 
se doblarán engrasadas por el aceite denso
que llegó a cubrirme.

Yo digo
que la ciudad protegerá 
bajo la piedra.

Yo digo
que ascenderá como un gigante,
como un insecto de abdomen pavoroso,
como un gas,

el huesudo semblante

de mi mañana.




sábado, 22 de julio de 2017

Posrevolución

Yo creí en el alzamiento de las calles,
en la constancia 
que alimenta el desagravio.

Lo juro.

Yo tuve fe en el lumpen y el barrio,
en su agitar de ramas,
en la raíz oscura y gruesa
de sus proclamas.

La tuve.

Pero no hay revuelta en la contienda
si le faltan los tobillos al soldado.
Si la infantería está muerta,
¿para qué coño sacamos los caballos?

Mi España narcótica 
duerme al pobre con sus regalos
y es feliz en su miseria,

miseria de desangrado.

Mudanza (u oda en prosa a una buhardilla que se deja).

Casi conseguí que esto fuera mi casa, con sus techos inclinados más allá de lo recomendable en los regresos de madrugada, con esas ventanas recolectoras de lluvia, con sus paredes marrones, obra de mi oscura lujuria. Debí aprender a llamarlo hogar mucho antes, la primera vez que leí o cuando entró el primer amigo o cuando se escapó la última esperanza o aquella tarde que olía a cañería desde la cama. 

Ahora desembarca la despedida como un polizón que golpea la puerta con los nudillos.

Es el adiós.

Puro.

Sin mancha.

Me llevo los muebles, por supuesto, las estanterías, los libros y los gatos, pero algo se queda, un algo como transparente o de un color azul apagado de agua, algo que he rozado mientras rondaba la esquina de la habitación. Una sombra de cuerpo indescifrable, una entelequia que vaga y se comprime y se expande y llora como una plañidera mal pagada.

Quiere que me vaya.

Quiere frotar su piel en mi ducha, lamer en éxtasis la sal que me dejé en las grietas de la encimera. 

Impostora.

Esto fue mi hogar, un lecho de pluma para mi páncreas, y yo casi nunca le di ese nombre. Aquí va a dormir algo, algo mío, cuando me vaya, algo que, imagino, fue yo.


sábado, 15 de julio de 2017

Breve ataque de vanidad (o terror)

¿Será la misma esta ciudad cuando no me contenga? 
¿Sentirá un temblor mínimo al ser libre de mi mediocridad, de mi arrogancia de copista del pánico? 
¿Acaso formo parte de su enorme cuerpo, de su cadencia, como un órgano diminuto, como una minúscula patología?
¿Se degradará alguna piedra muerta que la compone?
¿Notarán el leve murmullo de mi no ser las alcantarillas?

¿Será la misma?

Quizá las avenidas y las plazas extrañen por un segundo mi goteo, quizá guarde un breve luto la esquina. 

Quizá. 

El delgadísimo tronco seguirá creciendo en la linde de la acera pero ¿le corresponderá a su suma un aliento menos? 
¿Notará Madrid una ligereza desconocida cuando no duerma en sus colchones?

Quizá.

Habitante tenaz de la ignorancia, de la pregunta como sustento, temo que no lo sabré jamás.
No sabré 
si soy parte o alimento.

lunes, 10 de julio de 2017

Elector

Elegí la palabra escrita como sudario,
como tenaza de hierro
para arrancarme las uñas.

Elegí el papel
como relicario,
como gasa estéril.

La confesión a la tortura,
la muerte a la sepultura,

la muerte 

en solitario.

Me quedé con el grito
y la página como rito de extremaunción. 

Elegí la palabra escrita como sudario,
como charla de taberna,
como vértebra,
como laceración sucia y eterna, insensato... 

yo la necesitaba

como cañón.

No existe el mediodía

Se acerca el cuadragésimo otoño,
perdura 
su continuidad de saga.

Veo su rostro de pergamino.

Lo escucho.

Escucho sus pulmones 
multiplicando el volumen,
el quejido del gas desechado
en su miserable respiración.

Se acerca.

Me avisó el sueño extraño
de esta noche,
me avisan las calles,
los parques, 
los balcones, 
los vestidos rojos 
de los escaparates.

Vuelve por su diezmo,
lo sé desde hace días,
por el alimento 
de su ocre existencia

y vuelve famélico.

Seré anfitrión de mi verdugo,

seré yo

de nuevo.






viernes, 23 de junio de 2017

Pira

Dame una bandera,
regálame su mentira infinita,
la violencia 
que parasita lo exclusivo,
el alimento tenaz
de la barbarie.

Entrégame la ambición
por esa tierra 
en usufructo casual.

Y también la trinchera
y la arrogancia,
el orgullo de la tela
que nunca limpia su sangre.

Dame una bandera,

una de ellas, 

cualquiera,

y mira cómo arde.



A los ciegos vástagos del primer mundo

Lacayos de la estupidez,
seremos castigados
por vuestra servidumbre.
La condena será 
el vacío moral,

la pandemia

y la herrumbre.

El hombre como ser absurdo,
como rumor sucio y burdo,
como sombra
del pensamiento.

Sois esclavos.

Sois vasallos.

Postrados ante la falacia episcopal,
ante el martillo tosco 
del capital,
ante las pantallas.

Necesitáis los ojos
para comprender.

Seremos castigados
por vuestra servidumbre, 
la condena será la muerte
que despierta 
en la casa del otro.

Bendecid ya vuestra suerte,

sé que el precio,

siempre,

os sabe a poco.




Incorpóreo

Habito el reverso formidable
de un cráneo blanco.

No hay luz aquí,
en la profunda matriz
que me rodea.

De ordinario,
estoy solo
balbuceándole 
a mi gruesa placenta mental.

Mi cuerpo 
es una extremidad en decadencia,
una miscelánea orgánica.

Habito el reverso de un epílogo,
si no vais a acompañarme,
por favor,

guardad silencio.












martes, 6 de junio de 2017

Escribiente

Hoy,

martes,

mi casa es un enorme estómago
de gigante.

Ha ensanchado para contenerme
y afuera,
tras la ventana,
vive el reverso de la digestión.

No me concierne,
no formo parte de junio
ni de la incorrupción del alimento, hoy

martes.

Noto aquí el calor visceral,
aquí
sobre el sillón,

y las contracciones de sobremesa
y una bañera ácida
desorganizándome los pies.

Me deshago en nutrientes para otro,
seré
la mínima expresión de mi cuerpo
para quien lea, quizá,

o para nadie.

Qué sencillo 
ser digerido
por un enorme estómago de gigante
cualquier martes.

Qué vacío 

ser cagado

en un papel.














sábado, 3 de junio de 2017

A mi siglo en coma

Yo,
como contenedor orgánico de la ponzoña,
como ser en proceso de muerte cárnica,
decido
y manifiesto:

Erráis.

Yerran
vuestras mentes en vitrina,
tan saciadas de inoperancia,
y vuestra necesidad,
y vuestros ojos.

Seremos pasto de la mosca,

pero yo
la esperaré en silencio y recostado
tras la borrachera,

vosotros 

gritaréis ante el espejo.




Desde la cama

Un hombre escuálido,
de barba sideral,
con hechuras de desaliño,
me señala desde la balda tercera
de la estantería.

Te escondes, cabrón,
murmura,
su bisbiseo de culebra y poción
me tortura el tímpano.

Te condeno 
a la invidencia ajena,
al chaparrón a solas,
te condeno a la condena 
del cristal,

al hielo 

y la transparencia.

Te escondes, cabrón,
repite y susurra,
y su aliento apesta a corrupto,
a habitación,

a mierda 

y a usura.

Tiene boca de jurista,
de llevar tiempo tras mi pista
y las uñas de yeso
por rascar en mis paredes.

Me escondo, cabrón,

sí,

es así como sucede.











jueves, 1 de junio de 2017

In memoriam

Contadles que me conocisteis.

No dejéis que me aniquile
el polvo de la partida.

Decidles que fui,
que por la noche escribía
para esconderme del espanto,
que tuve ojos claros
y labios grises como de fantasma
cuando le nacieron las gárgolas
a cada azotea
de la ciudad.

Decidles la verdad,
que guardaba ya bajo las uñas

la tierra,

que caminaba encorvado,
que temía la oscuridad de los tejados. 

Decidles
que se me quebraron las sombras
aquella madrugada
que ya nadie nombra,

que tuve cuerpo, 
un par de gatos
y una leve cortesía de anfitrión
con la tristeza.

Contadles que me conocisteis.

No dejéis que me sepulte
el olvido mediocre 
de la intrascendencia.




martes, 30 de mayo de 2017

In vigilando

Se me concedió el don
del vacío irresoluble,
un hogar desordenado,
un horrible feng shui, 
una letrina en guerra e insalubre.

Como una bestia de carga,
exhalo en cada bufido 
la impotencia

y el terror.

Hay gigantes
en la vigilia descomunal 
de la madrugada,

me concedieron el don
de la pregunta perpetua

y de la nada.





lunes, 29 de mayo de 2017

Telón

Seguiré aquí,

dijo.

Había llovido en el camino
y apoyé la espalda,

noqueada, 

insomne,

en aquella pared húmeda

y fría,

como el sexo del exilio.

Miraba
el barro de sus botas.

Anhelaba
el barro de sus botas.

Seguiré aquí,

dijo,

y sonó a pasado infinito,
a llano inmenso y estéril.

Por supuesto,


mintió.

Escena vulgar

Escucho en bucle a la Portuguesa
interpretada por Las Migas.
El sonido llega hasta el reproductor,
sonámbulo,
levitante,
desde el aifon. 

En la pantalla, 
enmudecida,
una batalla a hostia y fuego
enfrenta humanos con especies estelares.

Veo acercarse al sillón
un puñado de muelas alienígenas
arrancadas de un sopapo
por algún duro paladín terrestre.

Acabo de terminar la antología de Peri Rossi.

Los gatos yacen 
como cadáveres que respiran.

Lo saben.

Nuestra enfermedad
siempre ha sido la ceguera.



sábado, 27 de mayo de 2017

Éter

Me comprime
el peso del aire
en su aparente nada.

No digo la distancia, digo 
que se me acuesta sobre el pecho
la transparencia,

la ingravidez culpable del polvo,
junto a la ventana,
hurtándole impostura al gas.

Me comprime el peso del aire, será

una inoportuna tos 

de ausencia.




Salamandra

Equidisto
entre una demacrada ciudad 
de ojeras como avenidas malvas 
y el estallido blasfemo
de una dentadura que sonríe.

No consigo cruzar la frontera.

En el espejo del baño
hay edificios con huellas de mordisco
y en mi rostro 
una membrana.

Podría alimentarme de ladrillo,
ser el legado de un extraño reptil
en las paredes

y no consigo cruzar la frontera.

Equidisto
entre el deceso bestial de la esperanza
y la fe corrupta.

Soy

equidistante.

jueves, 25 de mayo de 2017

Esas cloacas vuestras

Los perros del descampado
juegan con ramas de hiel,
segregan la rabia hervida
del desamparo,

hieren sus hocicos rectos

para comer.

Occidente siempre será 
almirante en el delirio de su ocaso,
ese cantero abismal
para todas las raíces minerales
del descanso.

Y los perros del páramo aúllan 
con presencia de esqueleto,
consumidos seres del polvo,

en silencio

y en secreto.

Tan desnudos,
tan nazarenos,
van con su boca de barro
pagando el pecado ajeno
y su lengua es descomunal.

Morirán por todos vosotros, 

miradlos,

miradlos agonizar.









jueves, 18 de mayo de 2017

Menudeo

Un camellito de mierda
me vende dosis de sombra, 
intocable capitán 
en su ventana de calleja.

Yo con pulmones de perro
desde todo este silencio,
le arrancaría las manos.

Se caga en mi dependencia,
me paga con la insolencia 
en su sórdida esquina 
de mercado.

No le pedí
más que el desierto,

la estepa,

la tundra cerebral,

el olvido inyectado.

Y el camellito de mierda
me vende dosis de sombra,

me vende con el recuerdo.

Le arrancaría las manos.














Hombre en gris

Surge el mítico animal
cada mañana.

Arrastra
un puñado de costillares secos,
víctimas 
del colapso aéreo,
pedernales exhaustos de otro fuego,

ya extinto,

ya muerto.

lunes, 8 de mayo de 2017

Cada mañana

Es el rugido, 
no el alba,
lo que me despierta.

El griterío infinito
de esa espectral soldadesca
que se mutila y blasfema
dentro de mi cabeza.

No conoce
el nombre del enemigo,
aniquila el vacío 
de una ausencia.






Bipedestación

Sigo en pie,
erguido sobre las brasas.

Mi cuerpo firma con huellas de carbón.

Sigo en pie,
ensartado en el metal frío de la memoria,
con el estómago cuarteado.

Escucho la voz de la ciudad,
nigromante lascivo que te dibuja

porque te ve.

Escucho.

Me pide que me yerga, 
que no ha llegado el tiempo de la clemencia
ni del olvido.

Te ve.

Y yo sigo en pie,
con el cielo roto de diluvio,
erguido bajo la ceniza de los nombres.

En pie.



viernes, 5 de mayo de 2017

Sepulto

Miradlo.

Mirad esos dedos,
difuntos,
como colgajos de letra bajo las palmas,
objetos inanimados de hueso y tendón.

Miradlo.

Almacén de nostalgia desordenada,
vertedero de horas combando la estantería,
mirad la agonía de las articulaciones.

Antes tenía color.

Antes 
golpeaba las paredes,
se alimentaba de sed,
follaba, 
dormía...

Ahora,
noche de lobos en cacería,
noche de mierda
de líneas vacías,

ahora no es más que yo.

Pagano

Deambulo
como un Ícaro de las callejuelas
desertando de la luz.

Las fachadas me señalan,

los portales me señalan,

pago con dedos de piedra
la deuda de la traición.

Deambulo
con quemaduras de cera,
con los restos del plumaje,

extinto,

cadavérico,

salvaje,

escupiendo oraciones
al altar de los tugurios.

Sólo hay barro en el suburbio
y costillas de arrabal.

Pago con dedos de esquela
la factura del naufragio,
pago desnudo y despacio

el peaje,

la cuota,

el final.









domingo, 30 de abril de 2017

Lodo

Elegí el desasosiego.

Me alimenta
como una bestia casi escarlata,
bestia de ciénaga y torre,
bestia de escarcha
y de rama.

Utiliza mis huellas,
mi carne fresca.

Huellas con sangre.

Carne lavada.

No soy libre de mi patria triste,
de su umbral,
de su cuerpo,
de nada.

Umbral por campo de sombras,
por linde de hielo y vereda,

vereda roja

de regreso a casa.


miércoles, 26 de abril de 2017

Memoriter

Cuando escribía,
unos dedos de fantasma, 
casi licuados,
ascendían mi garganta.

La pena infinita,
esférica, 
rebotaba en el parquet
como una perla opaca y adúltera
con semilla de accidente.

Las palabras se pudrieron,
marchitas e impacientes,
al rozar el papel.

Cuando escribí,
me sentaba con la espalda torcida,
con la memoria ausente,
con los húmeros crispados,
con la sombra de un jaguar,

y tuve nostalgia de muerte,

de esa muerte en espiral.



jueves, 13 de abril de 2017

Interiores

Sostente.

No pasó aún
el tiempo de la tormenta.

No recuperó el latido su calma 
en la cadencia.

Continúa el rugido histérico,
la estructura helicoidal del miedo
esparciendo toda su mierda.

Sostente.

Que no lo vean.

viernes, 31 de marzo de 2017

Breve nota a la política y el pueblo español.

Es su estirpe,
es el tóxico maná de su laringe,
es su lengua bañada en baba
mamando de la teta consistorial.

Y también son sus manos,
como implantes de falacia,
continentes del anillo
de esta nueva aristocracia de cenagal.

Y es España,
orgullosa e ignorante,
plagada de traficantes
de la simpleza universal,

que no despierta.

Y es esta conciencia muerta
paseando por las calles,
borracha en todos los bares
de polvo y para qué más.

Son los matarifes
jaleados por los cerdos,
la victoria de los cuerdos
en su desierto moral.

Y es la barriga llena,
vivir sin gloria y sin pena.

Es la anestesia del pan.

Y también es su estirpe y la nuestra,
el deseo vacío a la diestra.

Somos nosotros.

Tal cual.



viernes, 24 de marzo de 2017

Profecía

Derrocaremos sus sexos inconexos,
no nos hallarán en las batidas
del miedo y el homicidio mental.
Capitularán sus reinos,
sin luto y con las hogueras
y el cañón a las troneras,
en un sepelio brutal.

Y después
veremos germinar sobre sus restos
la piel de nuestras maletas,
de las carreteras, 
de la traquea seccionada
de todos los falsos profetas,
criadores 
de los perros de la infamia,
adalides 
de la absurda monogamia intelectual.

Despertará el humillado frente al humilladero,
se calzará con la bota del carcelero

y seremos nosotros.

Nadie más.







miércoles, 22 de marzo de 2017

Embustera

La primavera,
creedme,
nos esculpe un cementerio.

Los campos no son los campos
son los túmulos del tiempo 
y aquellas flores tan blancas,
tan blancas como lo enfermo,
sólo son los crisantemos
que vuestros ojos confunden,

son homenaje de muerto.

La primavera,
miradla,
es la escala hacia el destierro.

lunes, 20 de marzo de 2017

Patibulario

Cuelgo,
necio ahorcado,
de un instante.

Mis pies se tambalean
sobre el abismo que me paraliza.

Noto la cuerda,
áspera despedida,
deteniendo el flujo de oxígeno.

Me tambaleo
como la araña que se traga el tiempo,
voraz,
allá en su hilo.

La inmovilidad de mis manos
es consecuencia de la ventana yerma,
del páramo visual
inundado de arena.

Ya no sé leer las horas

ni la escarcha.

Peso medio

Embutido en la existencia,
varado en la entidad,
corpóreo
como una rapaz oscura,
me tumbo en el sillón
para ver cómo mis gatos boxean.

Aún no han sacado las uñas,
sólo practican
la pelea.

Achique

Cuando se escancie 
la última gota de mi sangre,
será el olvido bastardo
el que la trague.

Cruzará el polvo
las aceras de mi calle
y allá donde fui
no seré nadie.

No habrá honor a mi apellido,
ni una pluma muerta,
con tintero, 
para nido.

Cuando se escancie 
la última gota de mi sangre,
seré el esperma infecundo
en el vacío.



Equipaje

Hay humildes surcos encarnados
en la espalda del viajero.
En el pecho 
una fina gotera de sangre
diagonal.

Su huella,
úlcera infectada en el camino,
supura hielo 
y tiempo
y luto 
y vino.

No hay descanso,
compañero,

sólo queda caminar.







miércoles, 8 de marzo de 2017

In natus

Nací avergonzado,
un ovillo de carne pálido,
y al primer grito 
lo alimentó el pánico.

Con mis manos de niño
construí la estructura de mi cárcel,
mi lengua virgen,
la palabra primera,
os vetó la entrada.

Estáis fuera.

No conoceréis el tacto de mi niebla,
su sombra lechosa,
la materia líquida,
suspendida,
que le da forma.

Vuestro asfalto
no conduce a dónde habito,
ni vuestras orgánicas córneas
leyendo lo que escribo,
ni mi amasado aliento,
saturado de lenguaje,
que le escupo a vuestro oído.

Duermo en la frontera
de la inexistencia.

Ojalá
pudierais tocarme.



martes, 7 de marzo de 2017

Oblivium

No le temo a la muerte,
al moho amargo de la calavera,
a la ausencia de lo ausente
perfilándome las cuencas.

Tampoco a la porosa esponja,
al hueso muerto
de las tibias muertas,
ni a los dedos retorcidos
ni al no ser 
ni a la caverna.

La sombra del cuerpo solo,
dislocado allá en la tierra,
ese reloj destripado
en sus finísimas muñecas, 

no significan nada

para mí.

Yo le temo a la noche,
al cauce seco y hostil
de la madrugada.

Y le tengo miedo a mi nombre

y a su ceniza.


miércoles, 1 de marzo de 2017

In aeternum

Permanece.

No escuches la llamada de la inexistencia.

No sucumbas
ante la desaparición.

Sé un recuerdo inhóspito 
en la memoria del Caos.

Permanece.

Apártate de tu destino,
que no te sellen el impreso
en la ventanilla del olvido.

Horrorízales.

Que se jodan ante tu desnudo.

Que sepan.

Pre scriptum

Escribe, monstruo silente,
deja salir la rabia,
no estrangules las palabras
antes del primer boqueo,
del primer oxígeno
en el pulmón,

antes
de la garganta abierta.

Serán larvas,
te tunelarán las entrañas,
el sol
no se asomará a sus galerías.

Nunca.

Escribe,
bestia silente,
que les sangren los ojos con la verdad,
que la pupila sea
la entrada de la caverna.

Enciende las hogueras.

Ilumina la noche.

Esperante

El esperante se recuesta sobre la memoria 
como en un jergón de pluma, 

cubre de niebla el derredor, 
se ciega los sentidos, 
yace en su lecho.

El esperante se cubre de hojas muertas,
un paño ocre contra el frío,
contra el reloj vacío.

Es el rehén insurgente del tiempo 

soldado a las cadenas.

Orientis

La batalla está en el Este.
El invicto degollará la noche
a eso de las seis,
la rasgará
como un sable a las entrañas.

La guerra
está en el Este
y en la madrugada.

Poblad las calles,
izad velas opacas como la pared.

Que se detenga.

Mantenedlo en el exilio.

Hystera

Sus uñas rascan el suelo
en la penumbra.

Oigo su respiración.

Veo su pelo,
negro sobre negro,
sus colmillos como lanzas
en las manos del soldado.

Qué oscura infantería
atenta a los reclamos del tambor.

No hay bandera blanca
cuando se acerca la sombra.

No hay motín
en el ejército que embosca.

Es el hambre
el que llama a la puerta,
son los brazos famélicos y cansados
los que girarán el picaporte.

Entra,

no te enfríes,

es tibio
el útero de la soledad.

Pródigo

Enterradme boca abajo,
dejad que las raíces
reclamen el pago de su deuda,
dejadme
cara a cara con la sombra.

Dejadme.

Que las hormigas devoren
la carne que les pertenece.

Así ha de ser.

Si hay dolor,
si hay lágrimas,
que sirvan para alimentarme
como el saco de monedas
a la avaricia del traidor.

Renegué de la tierra
como un niño del padre.

Yo detuve la caída con los dientes,
yo sangré mi sangre
con marfil.

Dejadme.

Entregadme el retorno a la piedra,
su mirada de ojos grises y curvos,
su torso de arista,
el filo
de lo inerte.

Entregadme a mi madre contra el pecho,
húmeda de asombro y gratitud
ante el hijo que regresa.

Dos velas y un incienso
a vuestros dioses,

al mío el cuerpo 

y el abismo.

Muscidae

Pertenezco a las calles
como las arañas a la muerte,
como las moscas,
gruesas,
atiborradas,

a la descomposición.

Deconstrucción

Y escribió el vagabundo
por la ausencia de calor

y sus caminos se reunieron
en un ovillo de serpientes

y esparcieron la ponzoña del final
por todas aquellas paredes 
de roca,
por las aceras,
por los abrigos,

y cuando llegó el alba

ya no era.

Salvador

El final viene a visitarme
cada noche.
Lo veo apoyado en el quicio,
con los brazos cruzados,
con la media sonrisa del héroe.

Camina ante mí 
cuando conduzco al trabajo,
cuando voy de compras.

Me observa
mientras me masturbo.

Cuando me desnudo,
él lo hizo antes.

Tiene ojos grises.

Tiene dedos grises.

Es el Cristo
que me salvó de la ceguera.

Homo noctámbulo

El sueño se amotina en su madriguera,
muestra
sus fauces abiertas,
la baba de odio
desbordando los colmillos.

No puedo acercarme,
su mordisco me matará,
es la puerta de entrada
a la barbarie,
con aldabas de marfil,
de diente.

No debo dormir.

La pesadilla me espera
asomada a su torre negra.
Alcanzo a ver su sonrisa 
de tiniebla,
su dedo gris que me señala.

Su voz de cuervo
no olvida mi nombre.

¿Dónde se oculta la luz
en la miseria de la noche?

No debo dormir.




Homo novus

Y el aciago demiurgo, tentador de tentaciones, se recostó y encendió un cigarrillo para contemplar su obra.

Y vio que su obra era buena.

El hombre, bestia ignorante, fue caníbal de su propia carne, parásito en sus tripas. Alimentábase de los desechos de las digestiones, del fermento oloroso y podrido que circula por las cavernas animales de su intestino delgado.

Y vio que su obra era buena.

Y las ciudades apestaban a tabaco y a ron, a barriga cebada, a ingratitud y a parsimonia y a gris. Y las cubría su propia mortaja. Y el cemento tuvo al fin su impostora alma de garganta irritada y tosía y tosía y tosía, y de sus esputos viscosos, de un suave color marrón, comían las ratas, y aprendieron a andar a dos patas, y a discutir en tertulias afinadas sobre filosofía barata, y a jugar al póquer con sus nuevos pulgares.

Y vio que su obra era buena.

viernes, 10 de febrero de 2017

Onírica extraña

Cada noche, 
con pulcritud de escriba,
mis huesos,
quebradizos como de espina,
me dejan salir.

Hoy he visto leones blancos
y, en su lomo,
ligeras gotas de sangre,
huellas del rito del hambre,
minúsculos universos 
rojo inerte.

Pastoreaban, 
efigies del poder inmóvil,
una recua de caballos,
tan de carne, 
tan lejos de mí,
que casi impedía tocarlos.

Al despertar,
un hombre de armadura y lanza, 
en estricto silencio castrense,
custodiaba mi lado de la cama.

Había miedo en la ventana,

un aullido tenaz.

Cada mañana,
con pulcritud de escriba,
la puerta de casa,
chirriante como de vida,
me deja salir.

No contaba hoy con el frío
ni las sombras 
ni el febrero
de la nieve sucia y ausente,

la misma que siempre miente,

siempre,

siempre...

en Madrid.






viernes, 3 de febrero de 2017

Patriota

Mi Patria es mi padre y mi madre,
el hábito del Carmen de mi abuela,
la sangre que me calienta
aun siendo la sangre ajena.

La estufa desamparada,
estufa de dos resistencias,
para templar pantorrillas,

manos,

huesos,

las mañanas de Maicena. 

Mi Patria es el hombre acodado,
acodado y a la espera
del autobús sucio y triste
que llegaba de la escuela,

mi asmático continente,
mi humeante Setra Seida,
siempre derecho y al frente, 
hacia el mundo y sus rayuelas.

Mi Patria son cuerpos y nombres,
con su vida o ya sin ella,
son hermanos rezagados
en el caos de la contienda,

son todos los que me olvido,
descastada mente vieja,
y que merecen estar 
en esta página muerta.

Mi Patria se infesta de exilio
pero nunca fue la tierra.

La tierra es un accidente.

La tierra no es más que tierra.








jueves, 2 de febrero de 2017

Lactancia

La calle es una llaga de penumbra
que desangra la ciudad.

He de entrar.

Oigo gritos a la espalda,
el látigo bífido del tiempo.

Estalla.

Golpea.

La carne se tensa
para recibir el castigo.

He de entrar.

La oscuridad protege a sus hijos,
los amamanta,
les da calor...

¿Verdad?

Elevada meditación en respetable local

Sus dedos grotescos me señalan,
milenarios,
con nudos en la madera. 

"No puedes pasar.

El hielo ha fijado la entrada.

No hay acceso al nicho del paria. 

Hasta nueva orden. 

Hasta el calor."

Sus labios grotescos me sonríen,
lapidarios,
con grietas de lecho seco.

La rendición ha capitulado,
retira los navíos,
no es el fin. 

Sigamos,
pues,
con la cerveza. 

domingo, 22 de enero de 2017

Taxidermia

Buscaré la esquina errante,
de suburbio,
la guarida en sombra de los lobos.

Desventrado traficante, malos modos.

Un minúsculo gigante, 
pies de lodo.

Buscaré en el corredor de los hoteles,
en el callejón donde desaguan los burdeles,

buscaré…

seré crucificado del revés cuando amanezca.

Pero mientras,

hasta entonces…

degollaré la cordura
con el filo de mi bolsa de basura.

Su sangre será mi plegaria,
mi líquido sagrado 
ahogando su maldita luminaria,

mi cerveza,

mi contienda.

Profunda borrachera y taxidermia,
profano remedio individual

para esta jodida epidemia.

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