El final viene a visitarme
cada noche.
Lo veo apoyado en el quicio,
con los brazos cruzados,
con la media sonrisa del héroe.
Camina ante mí
cuando conduzco al trabajo,
cuando voy de compras.
Me observa
mientras me masturbo.
Cuando me desnudo,
él lo hizo antes.
Tiene ojos grises.
Tiene dedos grises.
Es el Cristo
que me salvó de la ceguera.



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