Dame una bandera,
regálame su mentira infinita,
la violencia
que parasita lo exclusivo,
el alimento tenaz
de la barbarie.
Entrégame la ambición
por esa tierra
en usufructo casual.
Y también la trinchera
y la arrogancia,
el orgullo de la tela
que nunca limpia su sangre.
Dame una bandera,
una de ellas,
cualquiera,
y mira cómo arde.



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