Miradlo.
Mirad esos dedos,
difuntos,
como colgajos de letra bajo las palmas,
objetos inanimados de hueso y tendón.
Miradlo.
Almacén de nostalgia desordenada,
vertedero de horas combando la estantería,
mirad la agonía de las articulaciones.
Antes tenía color.
Antes
golpeaba las paredes,
se alimentaba de sed,
follaba,
dormía...
Ahora,
noche de lobos en cacería,
noche de mierda
de líneas vacías,
ahora no es más que yo.



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