sábado, 9 de septiembre de 2017

Regates espirituales de un viaje en suburbano

Soy pasto de la inapetencia,
de la inmovilidad física,
del calvario sináptico.

Diría, incluso,
que de un atisbo de ignorancia 
y de un zarpazo de fe rancia,
de un hueco que me crece
como las uñas.

Y del hormigón
y del chaleco del notario,
de la masa egoísta de las calles,
sin estigmas,
impolutos,
con sus córneas sin detalles.

Soy pasto del hielo,
también del escalofrío,
de esas colillas de Madrid en el invierno
que son yonquis insolentes del rocío.








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