Ahora no eres más que un susurro,
¿quién lo iba a decir?
Un hormigueo leve en el subsuelo,
ese movimiento residual del aire
ocupando el espacio
después de la marcha de un cuerpo.
Pero alguna noche,
compañero,
recuerdo tus orejas
tiesas como un mástil de galera,
como tu camino recto hacia la muerte,
la tarde que pisaste el mar.
La nostalgia
vive en la penumbra.



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