Equidisto
entre una demacrada ciudad
de ojeras como avenidas malvas
y el estallido blasfemo
de una dentadura que sonríe.
No consigo cruzar la frontera.
En el espejo del baño
hay edificios con huellas de mordisco
y en mi rostro
una membrana.
Podría alimentarme de ladrillo,
ser el legado de un extraño reptil
en las paredes
y no consigo cruzar la frontera.
Equidisto
entre el deceso bestial de la esperanza
y la fe corrupta.
Soy
equidistante.



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