miércoles, 18 de diciembre de 2019

Martes

Son, desde esta calma,
las calles de Lavapiés
un pasillo inexpugnable.
Desde este suelo
de templo en ruinas, son
el nido de los héroes
que se ríen
de mí.

Mira cómo me señalan,
cómo ajustan los herrajes
de sus monturas para aplastarme,
pálido cuerpo que te añora
perdido sobre las aceras
como un ladrón de la carne.

Torpe declamación

Gritar,
arrancar ese epitelio de escamas,
desnudar la sangre que me puebla,
estirpe de puta que trasnocha
incapaz del sueño.

Que se enquiste la palabra.

Que se clave la palabra.

Nota sentimentaloide y agorafóbica. Sin numerar.

Es un sol apagado
este de diciembre,
sol a medias,
sorprendido,
sin azoteas.

Sol aún sin vestir
entre bambalinas,
un sol así
como si mintiera.

Canción de amor miserable y póstumo. Por aquellos escaparates de Madrid.

Añora el mineral
la bendición del tacto,
el tejido de ramas
que finaliza los dedos,
la exactitud de la piel,
el sustento,
el vértice agudo
con que te señalaba
cuando existías.

Ante mortem

Se licúan los cadáveres
bajo la máscara.
Apesta la ciudad
a descolorido.
¿Qué calles son estas
por las que me dirijo?

Hundo los pies
en el cieno de mi casa,
armario de tramoyista,
donde me siento
a esperar.

Doce de diciembre

Persistes entre la arcada
como un malecón que me humilla,
ruta arbolada
a la que pertenecí.

En el recodo oscuro
de la guarida, te busco,
adicto a esta herida
para dormir.

Dícese de la ausencia

Con arreos de mula
me dirijo a mi destino,
guiado por el látigo digno
que me aleja.

Eres la mancha
que se orilla
en el mapa del tiempo.

Eres la voz subterránea
de este puñado de insectos.

Para tu cadáver, que tiembla

Qué profundo
el adiós cuando no es cierto.
Qué elegantes se rozan los dedos
que señalan la despedida.

Qué falso el duelo.

Qué apretado el abrazo.

Qué cálida en el invierno
se arroja al fuego la mentira.

Noche cualquiera y convalecencia

Perversa marea
la que me trae de vuelta
a los callejones.

Varadas me dejas las manos,
las existencias, entre la arena.

Que llegue la noche,
que llegue el bar y la cerveza,

que llegue la muerte,
su anatomía de mosca,
su vuelo errante
por las tabernas.

Escritura

Se me configuró en llanto
en un rastro de papel
sin yo quererlo.

Se me disminuyó la presencia
en la insignificancia miserable
de la tinta.

Nota milésimo décimo séptima

Vientre que se arrastra,
cubierto de ropa,
rezando a los que habitan la caída,
la tierra,
el camino.

Mis botones se detienen
entre su esperma,
se frena el avance ante lo denso,
y escucho.

Escucho.

Narcóticos

Alicataría mis venas
de fango y letargo de artificio.
Yacería en los portales,
la boca abierta,
la baba,
el relámpago que cruza
ese atardecer de la calma.

Me cobijaría bajo el sueño falso
si no postergara el despertar,
si no empapara
la mañana de los huesos.

Doceava de la despedida

Celda de ladrillo,
esperpento,
paredes de carne y abandono,
inframundo
de estanterías repletas,
mecedora para la espera.

Mecedora

para la espera.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Veintidós de noviembre

Atiborrado de espinas
como un campo ya recogido,
como una esquela
a la puerta del teatro,
amaneceré mañana.

Abrigado con tus restos,
saldré.

No notarán la carcoma,
el laberinto tenue
bajo la mejilla
ni tu presencia en cueros,
esa existencia de sable
junto a mis pies.

Licuación

Me mudo en materia prima,
es una ligera niebla,
caligrafía que tiembla,
una muerte que camina.

Bajando la calle Toledo.

A este lado de la ciudad
existen alambiques que destilan
recuerdos de monte,
de rodillas desconchadas,
de luces en vela
para dormir.

Hay gatos que se acuestan,
una cuña de queso
para la cena
y manos que envejecen
y una intención minúscula
y un hombre, a veces,
obstinado
en permanecer.

Nota vigésimo tercera

Te recuestas al borde del olvido,
sobre el filo imposible que propicia el corte
entre la eternidad
y la nada.

Mujer de pies lacerados,
imagen constante,
decide ya.

Posible es la barra de este bar
o el vómito.

Nota vigésimo segunda. Justo antes del apagado.

Es esquivo lo ausente,
se busca con el cuello almidonado,
con el ligero pesar del que necesita,
con la borrachera elegante
y desvalida de la cerveza.

Se presenta lo ausente
incomodado por la insistencia
y se le abraza
como al amigo al que ya
no se reconoce.

Nota vigésimo primera

Habitante somnoliento,
insípido animal
dueño de una forma regalada,
me acuesto aturdido hoy.

Se me deforma lo lejano,
se me confunde su límite,
se me cambia cada punto
por una mancha.

Trato de girarme
pero noto, cada vez,
una indudable punzada
en la raíz del cuello.

Nota vigésima. Bajo la cúpula infame del regreso.

Mi cráneo me retiene,
inhóspito y blanco bajo la carne
y los fluidos
y el engrudo incoloro
que se empeña en dirigirme.

Pero anduve otro lugar
anoche.

Persiste un ligero rastro de tu presencia,
una marca olfateada en el barro,
una cocina cubierta de puchero,
una pátina joven
de tu cuerpo.

Decapitada

Las puertas están dormidas,
no hay salida
ni una deuda que herrar
ni montura fiel que me sostenga.

Me duelen las uñas de ser,
el deseo añejo
por las hazañas de Medusa.

Hablo un idioma desconocido,
grafía exenta de consentimiento,
vacuo arsenal
que no hiere siquiera.

Y así me tumbo,
apoyando atento
la carne que me conserva.

Nota milésimo tercera. Desde aquí.

Queda de mí
un tugurio embotellado,
una colcha en beige
a medida del anonimato,
postales de montaña, 
un par de gatos

y páginas preñadas
y cajas de cartón
traicionando a la jauría de la nada

y yo
amortiguado por el tiempo,
sujeto en el colchón,
amordazado,

anocheciendo.

Nota milésimo segunda. Autorretrato.

Tus dimensiones menguan
en este vientre de ciudad.
Se degradan tus pieles
a la par que sus cementerios.

Yacen en nichos,
tan pulcros,
los retazos de tu miseria.

Impide el avance la certeza
con su vestido de novia,
inmaculada,
virgen,
sin cortinas rasgadas
en la estrechez de la calma.

Presencia

Abrigo una escalera
mientras duermo,
retuerzo mi cansancio
en un filo que asciende
al soñar.

Algo golpea la puerta
cada madrugada,
un terror antiguo,
encorvado apenas,
que camina.

Artículos

Oh, fuente de bambú,
retazo de oriente,
continua y poliédrica,
barata...
Me diriges hacia la meditación
entre las paredes de mi piso
alquilado y nefasto,
occidental,
caucásico.

Trato de protegerte, lo juro,
de los picos de tensión,
del óxido,
pero he de confesar,
acuático demiurgo, que yo,
viajero indigno,
te cambio a menudo
por la borrachera.

Vinilo

Caruso me observa,
esculpido en imagen,
desde la portada.

Apenas puedo escucharte, Caruso,
más allá de la estática,
del disco que gira,
de la aguja,
apéndice maldito,
extensión fálica y necesaria
para la música.

Te esfuerzas, lo sé,
vives minúsculo entre los surcos,
me hablas
desde tu escondite,
desde tu epopeya,
mensajero irreductible
de todo lo que me falta.

Nota milésimo primera. Arrojar cuidadosamente.

Esta pulsión que me empuja arrogante,
que te saca a empellones
desde la barriga.

Mujer de escayola,

magma,

niebla,

carne inaudita
para mis animales.

Veintinueve de octubre

Fauces de asfalto,
no me purifican las sobras de octubre
ni el alquitrán
ni el ajetreo derrotado de las palabras.

Tiene tu nombre un aroma de resto,
de óbito,
y seré calumniado en tu recuerdo
si persisto de veras,
como el cadáver degollado
y a ratos digno,
de tu ratonera.

A la juventud española, con inquina.

Gritad, malditos,
país de necios,
cachorros miserables
de la desmemoria, gritad,
con el puño en alto,
con la mano extendida.

Guían los falsos profetas
sólo hacia el desierto,
seguidles,
infantes del culo caliente,
del vientre alimentado, gritad,
farsantes de la tragedia,
que no conseguiréis torcer
la calma de mi guerra.

Nota trigésimo quinta

Como enajenado vuelvo,
irresponsable mártir,
a tu suburbio.

¿Por qué?

Está callado Madrid,
duerme la existencia,
agitan los cuerpos que ignoro
sus manos
sobre el abismo.

Y tú regresas con el silencio,
inesperada,
muestra de la traición ebria
de todo lo inconcluso.

Tabiques

Fotos que ocultan mi pared,
segundos estáticos,
carteles de cine que esconden
los desperfectos,
es mi casa el museo de lo distante
o de lo imaginado.

Poco queda
para mí.

Menguaste hasta el papel,
se diluyó tu cuerpo
en la boca de las moscas y el olvido.

A veces,
mutilado,
te observo.

Veinticuatro de octubre

Cubre una gasa
el manojo de llaves que despliego,
pelotón formado
de metal distante,
trampantojo de mi fachada libre,
expuesta.

Puedo dejar de mentir
tras la puerta,
cesar la comedia,
Pierrot desmaquillado que conserva
su lágrima negra,
la aspereza del cuerpo que se viste,
ese disfraz patético
de la cerveza.

A los nacionalistas, con inquina.

Tu inteligencia está muerta,
sumarísimo ignorante,
mira tu conciencia tuerta
como un burro hacia delante.

Idiota con gran talento
para invadirnos las calles,
de discurrir más bien lento,
no voy a entrar en detalles.

Es la caricia del tonto
la que haces a la bandera,
que se me quemen bien pronto
tus motivos de madera.

Al nacionalismo, con inquina.

Quieren muros, esas hienas,
con sus hocicos de esparto
nos agitan las colmenas,
se nos visten de lagarto.

Calzan corona de espinas,
Cristos del gran esperpento,
orinan nuestras esquinas,
escucharé su lamento

cuando les lleguen los días,
cuando se muestre el entuerto,
cuando las mañanas mías,
cuando su Dios esté muerto.

Catorce de octubre

Hay un vacío en los coches
que recorren mi calle,
en las palabras,
en la vajilla limpia, hay
nostalgia de piel,
una punción con dimensiones
de cuerpo.

Una plegaria a la ausencia
en cada borrachera.

Diligencia

Limpia.

Acumula el polvo en una esquina
y bébelo,
que te ensucie la garganta.

Avergüénzate.

Aliméntate de tu deshecho,
caníbal del evento que escribiste.

Llora, perro,
y duerme después.

Diez de octubre

Habitas cada cuarto de la madrugada.
Mientras duermen,
tu cuerpo continuo permanece.

Me atosigan los párpados
en su colapso rítmico, me obligan
a enfrentarte tras el telón.

No me conduce la luz
más que al recuerdo de buscarte.

Política, España, dos mil diecinueve

Glorioso tiempo de la falacia,
me inclino.
Es mérito tuyo
la ejecución de la lógica,
la ceguera ante los malabares
del discurso,
ese caminar dormido
de los que me sucederán.

Virtuosa elevación
de la estupidez de la masa,
ante tus logros me inclino,
digno Moriarty.

Pero esperaré terco,
creyente y con permiso, la luz
entre tanto gilipollas.

Veganidad, y dos.

¡Ah, vegano!
Azote del carnívoro,
paladín de la vida orgánica
con sistema nervioso,
prístino guerrero,
son tus falsas salchichas
columnas firmes de la anemia,
totems de la hambruna intelectual
que nos acecha.

España, dos mil diecinueve

Acontece mal la izquierda
después de las contracciones,
dando a luz nostalgia lerda
de aquellas revoluciones.

Razones de camiseta
enarbolan los neonatos,
con lenguas de metralleta
se dejan sucios los platos.

Y España que necesita
la cuna del pan del pobre,
trabajo formal y guita,
se pierde en gritos de progre.

Ojalá se me despierte
la frente de los seglares
y para el resto la muerte,
destierro por esos bares.

Nueve de octubre

El suelo que piso es cálido,
me cubre el infierno
usando una pátina suave de hormigón.

Se agrieta a ratos
el suelo que piso y surge
un goteo incandescente, me asomo
y me veo sentado,
esperándote paciente
de nuevo.

Las costuras, después,
arraigan el frío a su lugar,
justo por encima de los tobillos.

Ocho de octubre

Tango de la oscuridad,
monaguillo fiel de la liturgia del tiempo,
te espero.

Aletargado, te espero,
con la alerta suspendida
en el éxtasis del vacío,
en las barras que amortiguan el fracaso,
en la charla vana
de los otros.

Te espero de noche
como a la sábana que arropa el silencio,
como a la liberación,
como al sueño.

Tres de octubre

Me recreo en el abismo
que rodea el cuarto,
ausentes las ventanas,
cruzadas las paredes
como por sangre.

Me asomo al cristal que me imagino.

Si te viera, 
tan astillada como mi octubre,
pasar con presencia de gato...

Nota centésimo tercera

Si esculpiera el tiempo una cuna,
si encendiera una hoguera
de tallos secos, de tornillería
firme.

Si eligieran las manillas tu vestido
la noche en que te recuerdo,
si se valiera lo sucedido
de la misma tela,
arrodillado yo
por desnudarte...

Dormiría.

Testigo es el vacío de las aristas,
de los tajos despiertos.

Dormiría.


Cronofobia

El tiempo es un ladrón de niños.

Miserable.

No puedo ayudarle.

Entrego al hombre su soga,
cada noche,
y desnudo permanezco.

Disminuyo
de tamaño.

Posibilidad

Podría seguirte
hasta el verde fresco de la muerte,
ocultarme
del estruendo cálido de lo visible,
ignorar tu nombre
acodado en el bar de los de siempre.

Podría empuñar Madrid tu ausencia
que yo la atajaría con el recuerdo,
daga corta que separa
de un tajo la carne insolente
sobre las costillas.

Nota decimoquinta

Peatón errante,
en ayunas,
busco mi lugar
como una parturienta el lecho
emplumado y caliente,
útero del misterio.

Os quise,
regalo del tiempo, os quise.

Pero pasáis.

Y permanezco.

Espejismo

Tiene su regreso
voluntad de aire en mi garganta,
redención para los pies
del que camina,
sonido en la voz y una moneda
que me absuelve con su borde
aquella herida.

Trepan su cabello mis ausencias,
el silencio inoportuno por los hombros,
se le dibuja el temor con mi apariencia,
un elíptico retorno a los escombros.

No será,

no será el instante en que me marche.

Apolillado en el armario el disimulo,
queda el papel,
la permanencia,
ese tiempo que se viene y que saludo.

Madrid, veintidós de agosto

Miserable ciudad
la que contemplo,
erial de avenidas,
de callejas,
de esquinas
distantes de la presencia.

Ha llovido.

Se eleva el rumor
de un puñado de gotas
de mármol.

¿Dónde estás?

Pesa tanto Madrid
en una espalda.

Hormigón y nácar
de boca cansada,

de diente.

A los viajeros incomparables de instagram

En Nueva York,
en invierno,
hace un frío de cojones.

Las alcantarillas
vomitan vapor.

La mierda extiende su efluvio
en Nueva York,
como en todas partes.

Casquería

Me ofrece el tendero,
con ojos cansados,
un hueco en las manos,
mis riñones,
mis rodillas...

Al pasar, me ofrece,
mi restauración,
un nuevo parto.

Volvería.

Ciego de fracaso, volvería,
si tuviese una moneda
para pagarlo.

Clarividencia

Caminarán sus pies,
esta noche,
las alfombras que me cubren,
la aristocrática hacienda
de otros.

Siento el quebrar
de las costillas bajo su peso,
el afilado crujir de un estante
al que no pertenezco.

Al oído

Conozco la bruma,
la voz apagada y febril
de los veinte años,

de mis veinte años.

construye
con cuerdas vocales
un horizonte escarpado,
un panteón,
un cadalso.

Soy el resultado
de la traición que me nombra.

También
de la cobardía.

Dieciocho de agosto

Diluida entre las sábanas
encuentro la vigilia,
un velarle a nada,
un párpado despierto,
una lámpara, un empeño.

Qué lejos me quedan las manos,
veo sus grietas
desde aquí.

Me persigo.

Animal obcecado, me persigo,

como si mi encuentro
rumiara en las esquinas,
en el cabecero,
en un despierto incesante,
en una pesadumbre
horizontal.

Polizón

Miserable
como un harapo vestido
en vuestra fiesta, me presento.
Curvo de existencia,
tiznado,
me cubro de un negro evidente.
Atento,
observo las chaquetas,
la vestimenta que os oculta.

Ajeno,
espectador de lo inadmisible,
externo a la danza,
cierro los ojos,
inadvertido.

Embriaguez

Si pudiera restar los actos,
las espinas
que nos adornan,
caminar sobre la arena virgen,
mudar el hecho
en el cuaderno blanco
de lo no acontecido.

Si se me restaurara el tiempo
y volviera
a subirme a esos vagones
que partieron,
no me gobernarían ahora
estos sillones,
no habría descanso
más allá de tu cadencia.

Suena aquello para Goldberg

Mirad sus manos,
paradigma de la esfericidad
del tiempo.

Se extienden hacia lo que no alcanzo.

Crecen sus uñas, recorren
el camino correcto
y yo me curvo,
combo mi geometría,
me alejo
de mí.

Miradlos en las cafeterías,
sentados en el suelo de los andenes,
conscientes de su presencia,
cubiertos
de escarcha.

Diez de agosto

Se acumulan desvaríos,
cierto grado de eyaculación mental,
calles y voces
junto a una cifra variable de desdichas,
pasajeros descontentos, también,
por lo pronunciado y lo mudo.

Y ropa sucia
y un ventilador
y mantras y oraciones
errantes en la borrachera,
aplicado escriba,
y una capa gélida
sobre la sábana que me protege
o me sirve de sudario.

Se añora la carne concreta
cuando el frío obliga
a cerrar las ventanas.

Nota decimocuarta

¿Es mi nombre lo que me define?
¿Es mi rostro?
Si se me privara de la imagen, 
si nadie me llamara,
¿caminaría al borde de lo extinto?

Evito mi reflejo en los escaparates,
en las ventanillas,
busco la soledad
y los gatos no me nombran.

En casa,
desnudo de la farsa,
celebro mi disolución.

Onírica peregrinación

Soñé con mil puertas
formadas en el pasillo
estrangulado de mi memoria.

Vi su expresión ausente
de un rojo callado y tenue.
Eran toscas, la mayoría,
como recuerdos de pobre,
de trigo,
de calcetín

y hasta un par, había,
cubiertas
por cortinas de saco.

También minúsculas, un puñado,
bien labrada su filigrana,
elegantes
como lo que permanece,
me obligaban
a inclinarme.

Reflexión recurrente

Tiene el poder, la vida,
de un capítulo comenzado,
sucede
escrita por otros dedos,
creada,
contienda.

Qué espiral tan meticulosa.
qué encono tan bien tallado,
qué puta es la vida
más allá de los bares
y de mis gatos.

Nocturno primero

Afilado reclamo, la noche.

La multitud en silencio,
adormecida de espanto.

Me arrodillo
ante su desaparición.

No hay clamor,

no hay voceros en las callejas.

Un respirar leve de viento, solamente,
sajado por las cornisas
y el húmedo ritual 
del lamido de mis gatos
limpiándose de nosotros.

Civitas


Se ven idénticas las calles,
el mismo alquitrán,
las tiendas,
la sombra tenue que recuerda,
murmullo de antes,
a aquel Luis decidido.

Están los adoquines,
los drenajes diligentes
para la descarga de la lluvia,
los dinteles
en los portales.

Quietos
como la raíz muerta
que no aumenta su tamaño
para la búsqueda.

Están.

Están ahí.

Acuarela en ruinas,
deambuladas las avenidas,

quimérico decorado
que a veces visto.

Segundo telón

Es dura la renuncia,
cruel,
como la bisagra desencajada
de lo inadmisible.

Piso el borde de la hoja
del puñal que nos cercena,
me balanceo
ante la incógnita del abismo nuevo.

¿Empuñará el vacío los cubiertos
de una cena última?

¿Se moverán mis muñecas?

Siguen los clavos en su lugar,
depósito de lo acontecido.

Flota mi cuerpo,
blanco,
como el papel.

Observación novena

Presas de la pantomima errante,
bostezo
con vuestra exhibición.

Os he visto,
en el Carrefour de la esquina,
tangando un par de latas.

Miserable el que necesita
para la borrachera
sumarle algo al vacío
del estómago.

Nota decimosegunda


Atiendo a las esquinas
de mi cuarto.
Se congregan en su ángulo
el miedo, la justicia
y un par de sombras,
ingratas,
con rostro.

Regreso
de escuchar poetas
de bloc y de bar
y ninguno,
coño,
ha hablado de esto.

Nota trigésimo cuarta


Es un decorado Madrid,
una fuga incesante de fachadas
de apariencia acuosa
cuando regreso.

Guarda mi llave y mi exilio,
guarda farolas, recodos
y una puerta,
una puerta roja
tan parecida al destierro.

Aguardan los gatos
el hedor de la basura y aguarda
un esmerado cimiento el instante
para construirme.

Larraya sueña con una llamada de Visor

Grandes capos de la letra
se han atrincherado en mi redil,
exigen
mi culofacturado producto,
amenazan
con desalicatarme el baño,
adecentar la casa,
premiarme una novela.

Pero resisto.

No permitiré
que una mano que no es mía
esparza mi inmundicia con cubierta
elegantemente
negra.

Democracia

Transpira el estúpido
su estulticia,
se pavonea
envuelto en el hedor,
apesta
a vagón de metro,
a culo mal cuidado
y se sienta en el bar
y observa
y habla
y bebe

y, de vez en cuando,
vota.

Veganidad

Me erigiré en místico elemento,
nutriente del barro,
abriré las cervezas
con un chasquido corazón
y pulgar.

Alabaré en carnívora alabanza
la inmediatez de mis gatos,
su ronroneo satisfecho
ante el fin de la falacia.

Santificaré los platos
al morir el día,
inmaculados custodios
del cadáver de la estupidez

y brindaré embriagado
por el futuro, cada instante
en que un vegano pródigo,
coño,
coma carne.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Nota 11

Tengo la intención,
cada vez que escribo,
de modificar el lamento
en algo más grave,
en algo más tenue,
en algo más.

O quizá la ira
o la aspereza de la arena
o la broma
o esos capilares
por los que migra la sangre
a los confines de un cuerpo.

Tengo la intención,
cada vez,
del aplauso ajeno o propio,
como todos vosotros.

Bonanova

Pisé una vez,
en pleno verano,
la plaza de la Bonanova.

Buscábamos un iPod azul,
pequeño,
con el sudor a cuestas.

Hace ahora quince años
de aquello,
quince años de mí
bajo el Tibidabo,
de mí
tras mi fantasma,

galvanizado y azul

como los ahogados.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Ligeia

Es estrecha la calle donde vivo. Tan próximos los edificios, abrazados casi, no llega la luz a las aceras. No es limpia. No es seca. Su filo de hormigón me hiere, a veces, los pies.

¿Cómo me llamo? 

Es etéreo mi nombre, un cambio leve en la presión del aire cuando se pronuncia, un trazo rasgado en el papel. Impuesto. Arrojado. 

¿Cómo me llamo?

Desde mi habitación de sombra, mi fachada oscura, me defino. Soy el exterior que limita el documento, el reguero de tinta que se esparce, la liberación de lo anónimo para vosotros. Casi todos vosotros.

No corrobora mi nombre la presencia. 

No es la distancia un ovillo de coordenadas.  

Es estrecha la calle donde vivo. Tan próximos los edificios, abrazados casi, no llega la luz a las aceras. 

Estaré aquí mucho antes que la muerte. 

Se hará larga, muy larga, la espera.




sábado, 20 de julio de 2019

Pro nobis

Envuelto y nocturno, 
paladeando el ácido
se contonea el abandono,
sucio de telarañas,
de techos mal pintados
de ciudad agreste
cubierta por la maleza.




Tenaz

Son ahora de humo,
de niebla,
las manos que te tocan.

Se ven tan pequeñas
desde mi exilio,
desde esta altura inquieta
que me marea tanto.

Recurro a la cerveza
para mantenerlas difusas
o a cuerpos que jamás 
me han visto
o a zapatos que no pisarán

conmigo

mañana.

Qué terco el monstruo
que me persigue,
que me respira tu nombre,
incansable,
junto al cuello.








domingo, 14 de julio de 2019

14 de julio

Nadie a pie de página,
nadie
ni una pizca de licor
ni un ligero temblor, nadie,
ni una víscera oscilante.

Así se alzaba mi voz,
callada,
voz de nadie,
voz de nada.

Apostilla a un final nunca tardío

Vuelvo a ti,
a ti que no tienes cuerpo,
compuesta de jirones
que no acontecieron
jamás.

Vuelvo a tu retablo,
abierto en par
como las ventanas que necesito
y me rindo,
genuflexiono, me santiguo
ante cada madrugada.

Ausencia de esparto y seda
cosida a mano
por mí.

Botón que abrocha
todo lo que poseo.







Lo impostado

Adelgaza la izquierda en sus cachorros,
¿levantan, ahora, el puño 
armados de pueblo?

Dientes de hijo bien alimentado
imaginan morder
más allá de la miseria,
calientes desde su refugio,
alejados del metal
y en sus yelmos de histeria
estúpida
se cocina la muerte de la consciencia.

No sois herederos de nada
más que del plato que os alimenta,
plato de guerra enlutada
que desconocéis
y que lucharon

otros.

Inhalando

Este humo blanco posee
un estructura neuronal,
se restriega como mis gatos
en las esquinas de los objetos,
danza
en su baile sagaz sobre la atmósfera
que me cubre el escritorio.

Niebla caduca,
¿qué secretos me guardas?
¿En qué lugar te acuestas
cuando desapareces?

Te añoro
como a una amante
que conoce el misterio
de la descomposición.

sábado, 13 de julio de 2019

Será que suena Marquee Moon

Las heridas que he infligido
se acodan en las barras
conmigo,
emergen desde las neveras,
papel moneda,
vergüenza.

Hablamos de este estúpido verano,
de las fachadas de cera
que se deslizan,
y, a la tercera birra, 
hablamos de ti.

De ti,
de las carreteras,
de las luxaciones del camino,
de tus huesos 
ajados contra mi soledad,
sedientos en la verdad
de mi desierto.

No fui yo
más que el vaso infértil 
de mis entresijos.

No soy yo
más que el habitante de mis sábanas,
náufrago errante en la tela.

Náufrago

errante

en la tela.


miércoles, 10 de julio de 2019

10 de julio

La palabra es insignificante
cuando se la contempla
cuidadosamente delineada
o arrojada al azar de un trazo grueso.

La observo
en su quietud de estanque,
en su deriva hacia la nada,
expuesta en una jaula de silencio.

Es una grieta, la palabra,
cuando se la escribe,

tan alejada de las bocas,

tan alejada del mordisco.

martes, 9 de julio de 2019

Conflicto

Tendido en esta paz sin tregua
que me domina hoy,
añoro los fusiles
y los tinteros.

Caminen uniformados,
se lo ruego,
conduzcan al armisticio
ante los muros empapados
del cementerio.


Pasado

Retornaría
a las nubes preñadas,
a guarecerme sin éxito
de sus deposiciones de agua,
a la espina dorsal
tan alejada de la calma.

Bastaría 
un temblor desolado, 
un resto,
una cerveza enclenque 
que pudiera virar en tormenta
con mis manos,

un pigmento inaudible,
tal vez,
vibración pintada
de silencio apenas.

Todo se retuerce
en los armarios opacos,
no hay ropa que desmerezca
el ponerla a secar.






Robinson

Naufragué de todos vosotros,
soy el invierno del que despertasteis,
repto bajo vuestros días
con sumo cuidado,

anónimo ejemplar
de la rabia y la tristeza.

Alejado 
añoro a veces la piel,

el tacto,

como cualquiera.









Encadenado

Es la distancia
una armónica que se pliega
sobre la piedra rodante
de los segundos.

Y grita.

Y clama invertebrada.

Y camufla la noche
de una especie de Luis 
más bien proscrito.

Arrastro una cadena de cien pasos,
un dulce de despedida,
una miríada de eslabones.

Y avanzo así por los parques
donde juegan los niños
ignorados por sus madres.










domingo, 30 de junio de 2019

Nota 10

Sacude el alquitrán de la camisa,
cabello en polvo de lo sucedido,
y quiere ser otro.

Se viste de marquesina
para veros pasar
derechos
como el dedo que marca.

Y ve las barbas y los vestidos
desde su apariencia,
hace bailar entre los dedos
un puñado de monedas,
mago de la mediocridad,
observa
con la consciencia del todo
bolsas gruesas de supermercado,
colillas mudas
en bocas mudas.

Se arroja a su butaca,
suicida,
y mira.

Mira.

Mira.

Nota 9

Nunca llegamos a ver
"Cabeza borradora"
ni a escribir juntos
más allá de la historia
ni a arroparnos
con la ceniza.

Nunca pude ser
otra cosa que el émbolo,
pinchazo de frustración,
que acarrea la resaca.

Solo,
furtivo
como esta calada oculta
de la boca que ya no fuma,
brindo por otro hoy

y por ti
a las afueras de tu cárcel.

Nota 8

¿Has escuchado venir a la muerte?
Haciendo cabriolas como un bufón,
estrellando los vasos,
agitando sonriente sus cascabeles.

Se viste de colores, la muerte,
cuando viene de visita
y el rojo, el morado, el verde,
un nicho arcoíris,
es tu lecho en noches de fiesta.

Recital

Con voz de tundra,
constancia rotunda,
nos aniquila el verbo.

Cómo podremos hablar,
mártires del paladar,
tras semejante exacerbo.

Poeta de voz pausada,
en la cúspide de la nada,
se arrastra entre la maleza

mirando hacia el infinito,
el rostro firme y contrito...
Madre de Dios
                        qué pereza.

Nota 7

Escarba con sus manitas,
qué pequeñas las uñas
enterradas en mi mesencéfalo.

Hermosas hojas afiladas,
navaja del bandido que me puebla.

No puedo dormir.

Brillante ser de insistencia.

No me deja dormir.

Poesía en red de arrastre

Garrapatea,
qué cosa tan fea,
un dulce poema.

Le sale la flema.

Y llora en delirio,
prestadle un colirio,
que tosa el fonema.

El folio blasfema.

A veces moquea,
tal cual Melibea,
menudo problema.

Curadle el eczema.

Se siente orgulloso,
impostor clamoroso,
cambiemos de tema.

Sacadme el enema.

Nota 6

Aquello que observas, chiquilla,
no son más que escombros,
el aleteo moribundo
de un puñado de fracasos.

Atrévete a mirarme
o camina.

Nota 5

Virutas de nieve,
en un descenso espiral,
se acomodan en mis sillones.

Exigen la proyección
de un puñado de capítulos ya vistos,
agitan sus refrescos,
arrojan las palomitas contra el televisor.

No debería estar solo
con esta jauría rebelde,
volveré a perderme
como aquella primera noche
que conduje hacia el norte.

Política

Hay lobos en este bosque
tiznados de gris
y la ciudad los desconoce.

Se sientan a las afueras,
guardianes de su linde
dormitan

y las avenidas
lo desconocen.

Demolerán mañana
las iglesias de los crédulos
cuando empiecen
a soplar.

Nota 4

La última vez que quise
enraizaba la hiedra en mis cimientos,
el tiempo era verde,
formaba alineado el invierno.

Y yo despertaba
engalanado para el duelo,
las calles eran anchas,
los pechos de cemento,
la sangre en los cuarteles
esperaba.

La palabra fue el sustento
la última vez que quise,

tan extraño,

tan ajeno.

Nota 3

¿Qué son
los dedos que me tocan?

Epidermis
carente de camino.

No se llagan los pies
en la penumbra
del accidente,

habrías de quedarte,
dormir en el sillón amargo
de lo sucedido.

Nota 2

Estarás
allá donde no te percibo.

Dueña de tu espalda,
protectora del recuerdo esquivo.

Estarás
allá donde yo no sea,
entre el polvo injusto del olvido.

Estancia

Hay silencio aquí,
en el páramo que me circunda.

No escucho más
que las ramas de ese almendro,
estructuras del aire,
inapreciable lamento.

¿Quién se atreve
a moldearme con las manos?

No hay Dios aquí,
en el salón de lo que creo,
no se sienta en el peldaño
más que el mármol
que lo compone.

Alacena

Faraón en la intemperie,
escucho desde mi asiento
ladridos en la encía de las bocas,
escalafones,
heridas minúsculas que se arrastran
entre los cuerpos.

No quiero entrar.

No me vistáis 
en la alcoba de lo cotidiano,
no me contienen los cajones blancos
de vuestras alacenas,
agitadas,
atestadas de alimentos.

No estaré en el baile
ni en el grano

sino aquí,
abrazado a mis cojines,

esperando.

Nota 1

Las calles etéreas
son un pergamino que se extiende
ecuánime, juzgando mi culpa,
sagaz bajo la vergüenza.

Quisiera ser.

Quisiera ser un cuerpo mineral e inmóvil,
espectador en la quietud
de la inapetencia.

Pero soy.

Tomo el organismo de la borrasca
y soy.

Inamovible en mis lascas,
pecado que adquiere movimiento
en la existencia.

No hay cuchilla
que pueda borrarme.

A los ávidos e intrigantes filántropos de suburbio.

Flota un cadáver
en ese mar nuestro,
¿qué haces tú?

Una leve convulsión,
quizá,
un paso quedo,
momentáneo,
camino del bar.

¿Qué haces tú?
Emperatriz del monólogo del compromiso,
galán de la justicia
universal.

¿No te asedian 
los muertos que desconoces
al pie de la cama?

¿En qué inviertes
el después de tus proclamas?

¿Qué haces tú
en tu habitación cerrada?

Duermes,
Ángel de la Desidia, duermes
como todos nosotros.










domingo, 2 de junio de 2019

Heroína

Esa mujer,
miradla,
camina apoyada a las paredes
por el miedo a lo oscuro de la espalda.

Se mueve lenta,
espaciada.

Se le melló el puñal en la última trifulca,
en el puchero ingrato
de la madrugada.

Miradla.

Una detonación de lana
le voló los pies, pero miradla
apoyada a las paredes
por el miedo oscuro de la espalda,

ella camina.

Miradla.






sábado, 25 de mayo de 2019

Visión

Me levantaré hecho jirones
mañana,
crecerán mis cojones
más allá de la nada,
me tatuaré 
el blasón de los héroes
y me recostaré sobre el árbol
que ejecute las aceras.

A pesar de las quimeras
aniquilaré las mandíbulas
que me olvidaron.

No volverán a hablar

jamás.







Odisea

Busco el camino de vuelta,
plagado de sanguijuelas,
compañía demencial,
desaconsejable soldadesca.

Quebrado,
inquilino de los túmulos,
anhelo el olor de tu rastro
como el alimento.

Olfateo con nariz de lepra
lo que fuiste,
esa enorme llaga
en el medio de la frente.


 




jueves, 23 de mayo de 2019

A tergo lupi

Los lobos a la espalda,
ligeros en sus cuerpos de plomo,
inagotables
en la persecución.

Se yerguen ante la mirada.

Son de marfil
las huellas que persiguen,
piezas maltrechas,
el dorso
de la partida.






sábado, 18 de mayo de 2019

Despierto

Emprendo, cada noche, la búsqueda,
un pilar sumergido,
la base del templo que me guarda.

Hoy uso un par de latas miserables,
unos tragos de cerveza,
columnas
de Hércules y de aluminio.

Más allá.

No sé
de quién es el salón en que me siento.

Me atan las paredes
como un eslabón pulido de la Nada.

Revuelta

Son circulares mis dioses,
mis anillos,
mis parásitos.

Regreso siempre
al lugar de donde parto,
a la espera,
al páramo
que mancha sólo mi huella,
imagen especular
de la aguja adecuada.

31 de marzo

La necesité
como a una hoguera encendida,
como al humo del incienso,
como a una habitación,
como a un libro.

Fue capilla
previa a la revuelta,
altar del vómito como alimento,
reservorio consciente de mi demencia.

Fue.

Fue la ciudad y desconozco,
ahora, las calles
que camina.

En ruta

Es la insistente cadencia de la lluvia
un sonido tribal de lo pasado,
la misma ofensa repetida.

La sirena,
la calzada,
el cimiento rugoso del miedo,
la liturgia enmudeciendo la causa,
ese edificio de balcones rebeldes
al circundar su base.

Son heterogéneas las gotas
sobre la ventanilla del taxi.

Me sobrepasa la cerveza,
el poder extinto del mediodía.

Es una más.

Una madrugada.

Parásito

Te extirpo.

Te maldigo.

Cloaca grosera,
patología oculta que se atreve...

¿Cómo te atreves
al asedio hoy?

Tienes la obligación de la muerte
y te empeñas,
terca,
en la caricia.

Murmura

Dice mi memoria
que no hubo nunca peana
para mi gloria,
que arrastré los pies como cansado,
que miraba al suelo y astado, listo
para el descabello.

Que tuve piernas para correr
y no lo hice.

No suele dormir, mi memoria,
a las horas adecuadas,

y me nutre de fracasos,
madre febril que me alimenta,
y Madrid está a las puertas,
castillo de naipes
desubicado.

Inanimado

Me observa
un ventilador inmóvil
desde la cima del armario.
Me juzga,
sus palas estáticas emiten el reproche,
allá,
en su celda metálica,

allá,

manufacturadas para el frío.

24 de abril

Lancé,
una tarde de piernas interminables,
mi mensaje.

Borrachos mal vestidos,
voceros de la palabra,
la acercaron hasta tu portal,

lo acomodaron, delicados,
con sus dedos corruptos,
doblados por el peso de la calle.

Y te llegó la infamia
vestida en su cesta,
mancillada por la escasez.

Se me tiñó
con los harapos de la derrota

y tú,
mujer de pechos de piedra,
no pudiste amamantar
mi pobreza.

Asceta

Caminé ese bosque mayúsculo,
contuve
su sutil ingravidez
cuando no me mirabas.

No existió la distancia
tanto como entonces.

Las puertas yacen
como muertas 
sobre el camino.

Anduve, entonces,
por la senda de los hombres
y no mirabas.

Comedia

Inclino, a veces, el rostro
como si escuchara,

marioneta
dirigida por dedos que ignoro,
brazo enorme,
anatomía que se oculta
tras de mí.

Se me creó
a partir de la madera,
sin un propósito
más allá de la farsa.

Cinéfilo

Es un celuloide adoctrinado
mi memoria,

se oculta de la luz,

abraza otras horas.

Se proyecta allá,
contra el armario

y duermo solo,
arropado
mientras me observo.

10 de mayo

Necesitaba tu odio,
tu desprecio,
una raíz oscura
carente de luz,
un apéndice apagado
que te alimentase la rabia,
allá,
entre los dedos.

Una manera
de mantener el olvido
hambriento,

recluso.

Conciencia

Es una ligera punción
en el talón del pie derecho,
un grano de arena colosal 
oculto en el zapato.

La culpa es una aguja
que me embosca escondida
en los rincones del calzado,

una península,

una derrota.

jueves, 9 de mayo de 2019

Lisergia

Quisiera estar en otro cuerpo hoy,
superar mi escala,
fundirme en otra carne,

ser parásito
de un pecho que no me pertenezca.

Podría así variar mis pasos,
observar 
desde la quietud del otro,

disminuir tu distancia terca,
usar mi apariencia extranjera, tal vez,
para que me vieras.

Quizá desde otras manos,
impostor del tacto,
pudiera volver a tocarte.



domingo, 31 de marzo de 2019

Escritorio

Describir una noche,
una cuchilla en el vientre de la historia,
un accidente,
un sesgo

y separar con los dedos la frontera
del terreno que se abre,
treinta y uno de marzo,
abismo,
distancia,
antisepsia,

observar...

La caída,
la voladura del suelo
que te sostiene,

que te sostiene aún,

que aún

te sostiene.



sábado, 30 de marzo de 2019

Desasosiego

Marchó.

Amortiguada por los años
entreveo su figura,
su cabello suelto,
mi terror.

Se me diluyeron sus ojos
en el trajín de la memoria.

Apenas soy capaz 
de hablarle ya
pero en la oscuridad la escucho
arrastrando los pies
por mis pasillos.







Luz

Subordinada al tiempo
avanza mi envoltura,
mi jersey,
un porcentaje apreciable de pelo blanco,
quizá.

Mellada la uña,
pierde autoridad ante vosotros
el dedo que señala.

Estúpidos.

Se os escapa el sorprendente brillo
de la decadencia.

25 de diciembre

Sucedo en el tren
a la vista de los pasajeros.
Nadie
repara en mi ausencia,
en mi ligera suciedad de campo
bajo las uñas,
en la planta
de mis pies.

Anónimo evento,
sucedo en el tren
cada regreso
como algo muy lejano.

Permanencia

Sólo la muerte nos fija en la historia,
es el cuerpo ajado,
ordenadamente descompuesto,
lo que posibilita la memoria.

Poco después,
desaparece.

Lee Hooker

Me arrincona el frío,
sucumbo al aislamiento
ligeramente aletargado por el blues.

Tengo el pecho infestado de fotos,
tengo
el pecho
infestado de rotos

hoy.

Añoranza ligera

Me observan las esquinas,
putas sin cliente,
en esta calle estrecha y descomunal.

¿Qué soy?

Pródigo en madrugada,
amasijo de hombre
y desecho.
Sirve lo escuchado
para la consciencia,
mínimo plomo
en la balanza del tiempo.
Es el escarnio de la noche
el que me viste tras la vergüenza.

¿Qué soy?

Buscador de lo inconcluso,
vecino amable del agotamiento,
muestra indiscutible
del sudor.
Si tuviera amenos tu mano
para recogerme,
el minúsculo roce de tu falange
para despertar.

Viaje en metro

Abierto el tren por la barriga
concluye el viaje.

Abierto

como una bestia que pare,
que lame con mil lenguas
los restos de su desnudo.

Suelo ser minúsculo entre el correaje,
violento,
sumiso

y hablo
con voz negra,
diáspora maldita,
alejado del juicio,
falso mártir transparente.

Verás mi regreso
como una maldición que canta.

Parabellum

Sacia el disparo en la sien
a los perecederos.
La detonación esparce el recuerdo
y son las paredes entonces
las que se equivocan.

Esclavo

Emprendo, cada noche, la búsqueda,
un cimiento sumergido,
la base del templo que me guarda.

Hoy uso un par de latas miserables,
unos tragos de cerveza,
columnas
de Hércules y de aluminio

más allá.

No sé ya
de quién es el salón en que me siento.

Me atan las paredes
como un eslabón pulido de la Nada.

Confieso

Traidor a tu patria
opté por el exilio.

Lamento el daño causado,
el repliegue indigno del tacto,
la palabra
que se aleja.

Te extrañaré desde aquí,
desde la nada,
caminando a tu lado
como un cobarde.

Desposado

Son circulares mis dioses,
mis anillos,
mis parásitos.

Regreso siempre
al lugar de donde parto,
a la espera,
al páramo
que mancha sólo mi huella,
que descose sólo mi huella,
imagen especular
de la aguja adecuada.

Madurez

Voy descolgándome 
por las barbas del tiempo,
los brazos tensos,
el cuello de cuerda estirada,
mordidas algunas fibras
por el pesar.

Desciendo,
duro y tranquilo,
hacia la respuesta.

sábado, 23 de marzo de 2019

Salón

Observo a mis gatos,
distantes en su atalaya,
míticos,
arrogantes,
en paz conmigo,
ajenos a mis decibelios
y mis alcantarillas.

Próximos
como el día que se marcha.

Ubi sunt

Te imagino omnisciente,
conocedora profunda de mi estado,
aquí,
desnudo en el invierno,
escribano terco
de todo lo inconcluso.

Pero no es real tu imagen que me guardo,
la que observo desde mi destierro,
desde estos balcones de Madrid
aquejados de silencio.

No eres tú la que recuerda,
no eres tú la que me escucha,
es esta ciudad tan pálida,
minúscula,
que me encierra.



23 de marzo

Qué aristocracia impoluta
es esta de las izquierdas,
nos salió la idea puta,
y bien creciditas las cerdas
del cepillo que a limpiarnos
viene la antigua chaqueta.

Raudo me alejo hasta el baño
que me aprieta la bragueta
al veros tan bolcheviques,
tan puño y tan pandereta,
con el culo bien caliente,
mamando de la gran teta.

Decidme, guevaras de palio,
¿cuál es, pues, vuestra tragedia?
¿No llega la fibra al barrio?
¿Es el hambre que os asedia?
¿Qué pinta Marx en el grito?
Mirad que la cosa es seria.

Acunáis en vuestros lemas
un monstruo de mil cabezas
que se han comido a mil padres
acechando en la maleza.
Aprovechad la memoria
de algunos que nunca rezan.

Si el "contra mí" es vuestra oferta
no me tendréis ahí al lado,
seré mi barriga abierta
cuando os vistáis de soldado,
ladrones de mi utopía,
dictadores de prestado,
que vuestra historia es la mía.

Me estáis abriendo el costado.





viernes, 22 de marzo de 2019

Purgatorio

Traidor a tu patria
opté por el exilio.

Lamento el daño causado,
el repliegue indigno del tacto,
la palabra que se aleja.

Te extrañaré desde aquí,
desde la nada,
caminando a tu lado
como un cobarde.



sábado, 16 de marzo de 2019

Knock out

Siento mi mandíbula de cristal,
su frágil transparencia,
me preparo
para la lona.

Será una duda breve
o un ligero traspié  
o una perspectiva de foco confuso

o goteará muy lento, 
una tarde,
como cualquier despedida.


jueves, 14 de marzo de 2019

14 de marzo

Fue necesaria la huída,
la distancia,
como una ligera lluvia de pesadumbre

y la grotesca deformidad del tiempo
y el descenso al nicho de la costumbre.

Fue necesaria la infección de la derrota,
la pereza de los gatos, 
la insolencia,
el acoso febril de tu alegato,
la siesta del invierno en la consciencia.

Me hice más pequeño 
en esta celda,
más sutil el rostro en los disfraces,
los silencios ya dictaron la sentencia
en su desfile incivil, 
siempre locuaces.

Mi desnudo ya no sirve más que al frío,
necio,
sable de una vaina sin contienda.

¿Para qué ser más de lo que he sido?

¿Para qué rezar a un Cristo sin prebendas?







jueves, 21 de febrero de 2019

Presagio

Escucho los latidos de los perros
husmeando en mi basura,
miro sus ojos minúsculos
saciados de fracaso.

Se marcharán
cuando nada quede.

Se irán
cuando no haya más que polvo 
en mis bolsillos,
se irán en busca de su papelina,
de su gramo eterno,
de la tormenta que les borre.

Me cruzo con ellos camino del supermercado,
siento su colmillo en la muñeca.

Se marcharán
cuando nada quede.




Retorno

Anduve hoy por mi calle antigua. 
La visité, 
legajo rancio por las aceras, 
como se visita a un enfermo.

Hay un solar
en la esquina en que me recostaba.

No he encontrado mi portal
oculto entre las fachadas.

He caminado mi calle antigua, hoy,
y no me recuerdo.




Reloj

Es incisiva
la orilla del pasado,
me corta los pies
y no camino.

Me siento a cerrar los tajos
que me sangran,
notarios del que fui,
comensales
del banquete de mi cuerpo.

Soy a tientas
desde que no es contigo.

Toca la espera,
la vigilia,
la nevera vacía
que me alimenta.

Aquí estoy,
tendido sobre sábanas,
y queda de ti el silencio,

el tiempo.









domingo, 10 de febrero de 2019

Hercúleo

Y una noche fui inmenso,
hombre descomunal
sin fronteras apreciables.

Una noche.

Una sola noche.

Héroe que roza el mito
parido, quizá, por una virgen,
amamantado de un calostro eterno.

Poco después la fractura,
la tibia astillada,

las palabras,

las paredes.

Al Madrid en que duermo

Ciudad engreída,
                libérate
de tus fantasmas,
drena la inmundicia
por la vena
       o la alcantarilla.

Desnúdate.

Te puebla la semilla vulgar
de la pretensión de los inmortales.

Sacúdetelos de las ropas,
cabellos indeseados,
                           restos,
sacude la miseria del disfraz.

Pon a secar las avenidas.

Abraza el pavor
           de la gente sencilla.

jueves, 31 de enero de 2019

A los dedos propios, casi extraños

Mísero aprendiz,
juntaletras agónico,
¿qué se te ha perdido en la noche?

Una voluntad moribunda de rapsodia, ¿quizá?

Costalero manco, tullido,
de una imagen que no te pertenece,
¿hacia dónde caminas?

¿Hacia dónde?

Te persigue la vergüenza
de la inutilidad de tus actos,
la debilidad disimulada de la palabra
que pretendes gritar.

¿Hacia dónde te diriges,
lengua torpe que escribe,
comensal honorable
en los salones del fracaso?
















Pérdida

No existe ya tu voz
tranquila en la niebla estanca.

No me alcanza tu sonido
desde hace tanto ya...

He pasado la nostalgia 
de una muerte figurada,
cobarde,
como de diente que rasga.

He pisado por calles y oficinas,
por una agonía extraña,
he escapado ya
por otras camas

pero no existe tu voz
ni mi suerte
ni el valor
ni tu garganta.




















miércoles, 30 de enero de 2019

Duelo

Sueles dormir
en tu celda de recuerdo,
de constancia en el instante,
bandera abandonada 
de todas mis reyertas.

Pero algunas mañanas de invierno
te rebelas,
pueblo hambriento
que me agota la espalda,
carga de estricto pasado
que se desviste. 

Dime, ¿a quién sirvo hoy?

Camino entre árboles de hielo
y sus calles tienen nombre
y sus gentes tienen nombre,
carcelero con forma de ciudad.

¿A quién sirvo hoy?

Ya no me bato con nadie, aquí,
excepto el espejo
y el abismo.








martes, 22 de enero de 2019

Renuncia

Hace años ya que llegó enero,
con su barniz y su escarcha,
con un paso más bien lento.

Vino cargado,
muy cargado, este invierno
con ese baúl de renuncia,
de brazos que piden,
de alcohol de sexo de celos.

Hace años ya 
que camino como muerto.

Y aún hay días que te sueño
y no me atrevo a mirarte,
con ese vestido amarillo,
delgada como te veo,
jirones de carne los hombros,
bien a la vista los huesos.

Vino cargado,
muy cargado en verdad, este invierno,
con su resaca en los dientes,
con ese adiós tan inmenso,
con ropa de niña terca,


de mujer que aún se está yendo.

domingo, 13 de enero de 2019

Visión

Desperté recostado
en un páramo de cemento y arroz cocido.

Allí estabais,
alimentándoos en las avenidas,
acuclillados.

Comíais con las manos
el alimento insípido del hombre.









sábado, 12 de enero de 2019

12 de enero

Efímero,
un boceto breve que arrojo
y que colapsa,
así intento que sea tu recuerdo.

Cuando retorna, pródigo e ingrato,
abrumador como lo inconcluso,
me encojo,
cohabito los instantes
contra mi voluntad.

Es violenta tu imagen,
tu saliva,
cuando regresa.

Será la furia, supongo,
del fracaso.

Con la tecnología de Blogger.