Es la insistente cadencia de la lluvia
un sonido tribal de lo pasado,
la misma ofensa repetida.
La sirena,
la calzada,
el cimiento rugoso del miedo,
la liturgia enmudeciendo la causa,
ese edificio de balcones rebeldes
al circundar su base.
Son heterogéneas las gotas
sobre la ventanilla del taxi.
Me sobrepasa la cerveza,
el poder extinto del mediodía.
Es una más.
Una madrugada.



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