Mirad sus manos,
paradigma de la esfericidad
del tiempo.
Se extienden hacia lo que no alcanzo.
Crecen sus uñas, recorren
el camino correcto
y yo me curvo,
combo mi geometría,
me alejo
de mí.
Miradlos en las cafeterías,
sentados en el suelo de los andenes,
conscientes de su presencia,
cubiertos
de escarcha.



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