Caruso me observa,
esculpido en imagen,
desde la portada.
Apenas puedo escucharte, Caruso,
más allá de la estática,
del disco que gira,
de la aguja,
apéndice maldito,
extensión fálica y necesaria
para la música.
Te esfuerzas, lo sé,
vives minúsculo entre los surcos,
me hablas
desde tu escondite,
desde tu epopeya,
mensajero irreductible
de todo lo que me falta.



0 comentarios:
Publicar un comentario