Son ahora de humo,
de niebla,
las manos que te tocan.
Se ven tan pequeñas
desde mi exilio,
desde esta altura inquieta
que me marea tanto.
Recurro a la cerveza
para mantenerlas difusas
o a cuerpos que jamás
me han visto
o a zapatos que no pisarán
conmigo
mañana.
Qué terco el monstruo
que me persigue,
que me respira tu nombre,
incansable,
junto al cuello.



0 comentarios:
Publicar un comentario