Dice mi memoria
que no hubo nunca peana
para mi gloria,
que arrastré los pies como cansado,
que miraba al suelo y astado, listo
para el descabello.
Que tuve piernas para correr
y no lo hice.
No suele dormir, mi memoria,
a las horas adecuadas,
y me nutre de fracasos,
madre febril que me alimenta,
y Madrid está a las puertas,
castillo de naipes
desubicado.



0 comentarios:
Publicar un comentario