martes, 20 de febrero de 2018

Sé que no es un poema

Nos asomamos,
aquella noche,
a la Casa del Libro de Fuencarral,
ligeramente borrachos
y con sonrisa de gilipollas.

Buscábamos nuestros nombres,
con las manos de visera,
a través del escaparate.

En algún lugar
guardo la nota de las cervezas.

Nos habían echado del bar,
y fuimos,
aquella noche.

Después, aguijones 
como un abrazo de lo inevitable.

Viéndonos ser, 
quién iba a decir que hoy,
como aquella noche,
vestiríamos de gala mi derrota.

















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